Tasa turística, ¿para qué?

Carme Miralles-Guasch
Profesora de Geografía Urbana

La Generalitat de Catalunya, en tiempo de vacas flacas, ha retomado un tema que a lo largo del último decenio ha ido apareciendo a ratos. Es un asunto que otras ciudades y países resolvieron con sentido común, pero que aquí se inició con una batalla campal fuera de toda lógica. Aquí la tasa turística se implantó en Balears en 2001 con un importe entre 0,20 céntimos y un euro por pernoctación, y tanto el sector hotelero como el PP, entonces en la oposición, lo tacharon de injusto, erróneo y discriminatorio. Y se suprimió inmediatamente con el Gobierno conservador en el poder. El tripartito de Maragall y el Gobierno de la ciudad de Barcelona intentaron abrir el debate en más de una ocasión, pero el sector hotelero de la ciudad y los partidos conservadores en la oposición se situaron abiertamente en contra y la Administración no fue más allá.

Sin embargo, las cosas cambiaron el año pasado cuando Joan Gaspart, presidente de Turismo de Barcelona, propuso el cobro de un euro por pernoctación en la ciudad, añadiendo, al contrario de lo que siempre se había mantenido, que esa cantidad no bajaría el número de visitantes, siempre que se destinara a la promoción de la actividad turística. Había una razón de peso para que el sector cambiara de opinión: en los presupuestos de la Generalitat, la promoción turística pasaba de tener 22,56 millones en 2010 a 14,96 en 2011. Y puede ser que incluso menos el año próximo.

En esta situación, la Administración autonómica e incluso el alcalde de Barcelona están proponiendo una tasa turística para toda Catalunya. Pero la noticia no radica en el cambio de opinión de quienes se habían manifestado abierta y repetidamente en contra. Pues era una posición de desgaste del Gobierno de izquierdas más que una valoración razonada de una propuesta que en ningún lugar donde se ha implantado ha dañado al sector turístico. El debate está en si sólo se destina a la promoción turística o en si tiene que tener otras finalidades, en un momento en el que los presupuestos públicos son cada vez más exiguos. ¿Por qué no pasa a sufragar una parte de la tasa el mantenimiento de ciudades que los visitantes utilizan de forma intensiva o a sufragar servicios públicos que ahora parecen impagables?