Camino y ritmo

Alfonso Egea de Haro
Profesor de Ciencia Política

El núcleo de la eurozona parece haber decidido el camino, la reforma de los tratados con vistas a garantizar la disciplina presupuestaria. Sin embargo, no resulta tan evidente que sea capaz de imponer el ritmo. Y no será por falta de incentivos entre los socios comunitarios para aprobar la reforma.

Para el directorio franco-alemán supone alcanzar un acuerdo de mínimos que evite posibles enfrentamientos. Cerrada la puerta a los eurobonos por el Ejecutivo alemán, el acuerdo para sancionar un déficit público excesivo podría ser compensado por un papel más activo del Banco Central Europeo en la compra de bonos soberanos y en la inyección de liquidez. Para los gobiernos obligados a implementar los planes de austeridad, la reforma se presenta como un medio para justificar que el sacrificio no ha sido en vano, o bien como un elemento en el que basar ulteriores ajustes. Para el resto de países, el volumen del comercio intracomunitario, más del 60%, es un argumento contundente para tratar de no quedar descolgados.

Sin embargo, no parece que ni el tiempo ni el ritmo para desarrollar esta reforma puedan ser controlados. De un lado, el recientemente inaugurado observatorio de riesgo sistémico, Standard & Poor’s, ya se ha manifestado a favor de la urgencia de la reforma con la advertencia de desclasar la deuda soberana de 15 de los socios comunitarios. De otro lado, la reforma puede abrir el debate, en varios estados miembros, acerca de la necesidad de convocar un referéndum para aprobar la cesión de soberanía. Una cesión que se haría además a favor de instituciones, no de decisión, sino de mero control, como el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Estos factores cuestionan la capacidad de los socios comunitarios para conseguir un acuerdo antes del mes de marzo de 2012. Una fecha que parecería elegida caprichosamente si no fuera porque las elecciones presidenciales francesas se celebrarán un mes después. Quizás una solución de compromiso entre las urgencias de unos y la necesidad de pausa de otros sea el establecimiento de etapas a partir del cumplimiento de unos criterios de convergencia, como se hizo con la moneda común. Pero para la definición de estos se necesita pensar también en la política fiscal que entonces faltó.