Coches públicos en París

Carme Miralles-Guasch
Profesora de Geografía Urbana

En París hay un nuevo sistema de transporte. Son coches eléctricos que, previo pago de una cuota diaria o semanal y del tiempo de utilización, se pueden usar por horas. Existen unos 300 automóviles disponibles, una cifra que se ampliará hasta un total de 3.000, con unas 1.100 estaciones de recarga. Pero la novedad no radica tanto en la energía ni en la tecnología, sino en el nuevo concepto de gestión del automóvil, que deja de ser un transporte privado para convertirse en un transporte público de uso individual. Público, porque está a disposición de todo aquel que lo desee y tenga las condiciones para ello, e individual, porque está destinado sólo al uso de quien lo alquile. Rompiéndose la conexión entre dos conceptos hasta ahora indestructibles: automóvil y propiedad privada.
Los nuevos escenarios en transporte urbano no vendrán sólo de la mano de lo que propongan las nuevas tecnologías, sino de la capacidad de innovación en su gestión. Y en ello se está avanzando cuando el uso del transporte individual no tiene necesariamente que estar asociado a la propiedad privada. Se paga por lo que se utiliza, con lo que la rentabilidad económica del propio transporte es mucho más alta.
Más allá de las identidades modales tradicionales del transporte (público, colectivo, privado…), muchas veces consideradas contrarias y excluyentes unas de las otras, ahora se visualizan complementarias y mixtas. Sus mestizajes constituyen una de las grandes innovaciones y avances en el medio urbano: bicicletas y coches públicos, car-sharing, subterráneo-bus, tranvía-tren, buses segregados. De manera que la optimización de la movilidad en una ciudad no es la búsqueda de un modo de transporte ideal, sino la utilización de los más adecuados en cada ocasión. La multimodalidad en transporte urbano requiere de una población bien informada de la oferta de transporte en su ciudad y bien conectada a las redes telemáticas.
El ejemplo de París, como ya ocurrió con las bicicletas públicas, apunta a esta dirección y además lo hace desde la ecología urbana, pues además de evitar la contaminación acústica y ambiental, disminuye el parque de automóviles en la ciudad y con ello sus índices de congestión.