Mujeres con poder

Carmen Magallón
Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

En el año que va a terminar, en medio de la convulsa situación económica global, Christine Lagarde ha sido nombrada directora del Fondo Monetario Internacional y se ha convertido en la primera mujer que ocupa este importante puesto en el mundo de las finanzas internacionales. Lagarde, que se confiesa comprometida con la amplia causa de las mujeres, ha comentado que la crisis que padecemos es responsabilidad de los «padres fundadores» no de las «madres», inexistentes en la toma de decisiones a este nivel. «Ojalá hubiera más mujeres en las finanzas, sería mucho más saludable», ha dicho. Y también: «No sabemos si 2008 hubiera sido diferente con más mujeres en el mundo financiero, pero mi intuición me dice que sí». En coherencia con sus palabras, se propone aumentar el número de mujeres en altos cargos a su disposición. Suena bien, pero está por ver si esta medida tendrá repercusiones en los contenidos de las políticas que se generan desde el FMI o todo seguirá igual.

En casos semejantes, de líderes políticas con poder real, desde una observación de trazo grueso los resultados no son para entusiasmar. Angela Merkel, Dilma Rousseff o Cristina Kirchner, mujeres con poder y probablemente con simpatías hacia el feminismo, siguen mimetizando las pautas de poder establecidas. Lo que no quiere decir que tal vez hilando más fino no puedan identificarse en su desempeño rasgos reseñables ligados al hecho de ser mujer.

Para el resto de mujeres, las repercusiones del poder de una mujer son ambivalentes. En positivo está el ser un revulsivo ante la exclusión femenina ligada a tradiciones y creencias. Pero ¿qué pensar si desde su poder la líder sigue aplicando políticas neoliberales o utiliza el argumento de la meritocracia para ejercer de modelo negacionista de la necesidad de las políticas de igualdad? Pues sí: que para este viaje no se necesitaban alforjas. Y que hace flaco favor a la causa de las mujeres y al feminismo, para el que la transformación del paradigma de poder patriarcal es una meta importante. Lo que en ningún caso es de recibo, utilizar la legítima crítica a estos liderazgos para una descalificación generalizada de las mujeres, el feminismo y sus reclamaciones.