El ‘impasse’ crítico actual cierra alternativas

José Manuel Naredo
Economista y estadístico

A estas alturas de la crisis el futuro sigue siendo oscuro por la falta de diagnósticos y medidas que identifiquen y cambien el statu quo especulativo que la había provocado. La complicidad de los gobiernos con ese statu quo los incapacita para enderezarlo hacia horizontes económicos y sociales más saludables.

El reciente acuerdo Merkel-Sarkozy concentra sus esfuerzos en ampliar y mejorar el funcionamiento del fondo de estabilidad europeo y en reforzar la disciplina presupuestaria de los países del euro, para salvar la situación a corto plazo, pero soslaya que no eran esos desequilibrios los causantes de la crisis. Al igual que los criterios de convergencia de Maastricht, exige limitar el déficit presupuestario y la deuda pública sin hablar de la privada, ni tampoco de limitar el déficit exterior corriente de los países.

El problema inicial estriba en que España, lo mismo que Irlanda, pese a contar con cuentas públicas bien saneadas, desató procesos especulativos y megaproyectos suntuarios que, además de devorar el ahorro interno, se financiaron con capitales foráneos que aceptaban de buen grado los pasivos emitidos por el país. Pero con el pinchazo de la burbuja especulativa y la huida de los inversores, sobrevino el llanto y el crujir de dientes. La liquidez barata y abundante mudó en sequía de créditos y exigencias de devolución de deudas. La recaudación de impuestos se desplomó y la bancarrota pública, agravada por salvamentos y ayudas, amenazó con suceder a la privada. Tras tanta construcción de viviendas y de disparatadas infraestructuras y macroeventos, ya sólo se habla de recortes, cuando el paro diezma a la población y los salarios y pensiones se mantienen por debajo de la media comunitaria.

¿Qué hacer cuando la depresión que castiga a los países líderes en especulación no consigue cambiar, sólo reducir, el signo deficitario de sus balanzas corrientes, ni evitar su progresivo endeudamiento? Recibir nuevos préstamos a condición de seguir adelgazando el ya famélico Estado social no soluciona el problema. Habría que unir la solidaridad europea a un claro propósito de enmienda de los recientes desmanes, con planes de reconversión económica y de
cohesión social que brillan por su ausencia.