El futuro de la investigación

Miguel Ángel Quintanilla
Director del Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología

En estos días de cambios de gobierno y de calendario se han producido tres noticias inquietantes, relacionadas con política científica. Una mala, muy mala, otra de significación ambigua y otra sorprendente.

La mala es el recorte de 600 millones de euros en ciencia y tecnología. Después de dos años de sequía presupuestaria, más que un recorte es un hachazo que puede dejar yermo para mucho tiempo el campo de la investigación científica en España, sobre todo si se le añade el efecto que tendrá sobre el sector público y universitario la anunciada reducción de plantillas de funcionarios. A falta de más detalles, el mensaje que así se transmite es que para el nuevo gobierno los presupuestos de I+D son una simple cantera para hacer recortes, no una prioridad nacional.

La noticia de significación ambigua es que se haya suprimido el Ministerio de Ciencia e Innovación. Es mala si se interpreta como un signo más de la consideración que el gobierno de Rajoy tiene por la ciencia y la tecnología. Pero, por otra parte, situar la responsabilidad política de la ciencia en el nuevo ministerio de Economía y Competitividad puede resultar un experimento interesante. Nunca le ha ido mal a la ciencia cuando se ha visto apoyada por la economía (algún día habrá que recordar los efectos del tándem Cabrera-Solbes en la primera legislatura de Zapatero). Todo dependerá de la relevancia, capacidad y entusiasmo que demuestren los nuevos responsables de la política científica.

Y ahora viene la última noticia, sorprendente. En efecto, el nombramiento de Carmen Vela como Secretaria de Estado de Investigación ha sido sorprendente. Quienes hemos tenido la ocasión de conocerla en sus múltiples facetas de actividad empresarial y científica, de activismo social en favor de la igualdad de las mujeres en la ciencia y de apoyo político a la plataforma de científicos con Rubalcaba no podemos por menos de felicitarnos y felicitarla. Que un gobierno conservador le haya encomendado la responsabilidad de la política científica a una mujer competente, experta y comprometida es un buen motivo tanto para la sorpresa como para la esperanza. Interpreto que Carmen Vela es un signo de que el nuevo gobierno quiere apostar en este campo por la continuidad y la solvencia. Ojalá que no estemos ante un simple ejercicio de marketing político.