Un acto querido

Alfonso Egea de Haro
Profesor de Ciencia Política

Primero es el acto debido y segundo el acto querido. Con esta expresión, el Gobierno italiano de Mario Monti justificaba la aprobación de un plan de austeridad de 34.900 millones de euros que supone una modificación del sistema de pensiones, y una subida de los tipos impositivos sobre el consumo y la renta de las personas físicas. Medidas con las que el Ejecutivo italiano ha cerrado 2011 y que no se diferencian sustancialmente de las adoptadas en otros países, independientemente de que el Gobierno responsable haya salido de unas elecciones o de una apuesta técnica. En uno y otro caso se han sucedido los actos debidos a Bruselas o por su sucursal berlinesa.

Estamos ya en enero y en la primera reunión del Eurogrupo prevista para el 23 se espera que a ese acto debido le siga otro, este ya querido, donde los gobiernos anuncien las medidas de crecimiento. Con el retroceso de las políticas sociales y el adelgazamiento del Estado, estas medidas apuntan a reformas en el mercado de trabajo y al avance de las liberalizaciones. La interrogante es si será suficiente para lograr el crecimiento en países que sufren de una progresiva reducción de la base social de sus economías con altos niveles de desempleo, un importante porcentaje de actividad económica no declarada, unos altos índices de evasión fiscal y una progresiva polarización de rentas.

El Gobierno italiano parece haber encontrado una posible vía con la revisión de los distintos tipos de beneficios fiscales. En un escenario en el que el discurso de la austeridad limita el desarrollo de los servicios públicos, el recurso a los bene-
ficios fiscales está abocado a ganar más protagonismo. Sin embargo, la configuración de estos beneficios no es neutral. En ocasiones, los beneficios ofrecen una mayor renta disponible con la que los gobiernos tratan de compensar el insuficiente desarrollo de las políticas sociales e incentivar así el recurso de los ciudadanos al mercado donde procurarse tales servicios. También estos beneficios son responsables de la evolución decreciente en el tipo efectivo del Impuesto sobre Sociedades.

De seguir esta tendencia, el acto querido de estos gobiernos aumentará los problemas estructurales de los que adolecen sus economías.