La reforma sanitaria de Obama

Óscar Celador
Profesor de Derecho Eclesiástico del Estado y de Libertades Públicas

A menos de un año de las elecciones presidenciales estadounidenses, republicanos y demócratas han comenzado un maratón político, ya que la clase política ha comenzado a perfilar mediante un complejo sistema de primarias quiénes serán sus candidatos al Congreso federal, y además los republicanos deben decidir cuál de sus líderes pugnará contra Obama por hacerse con la presidencia en las elecciones de noviembre. Los primeros debates entre los aspirantes republicanos a la presidencia indican unívocamente que uno de los temas estrella en estas elecciones será la reforma sanitaria aprobada durante la Administración Obama, que debería entrar en vigor en 2014.

El sistema sanitario estadounidense se soporta sobre un modelo de seguro médico privado, que cubre los gastos médicos de los asegurados exclusivamente en aquellos supuestos previstos en el contrato de seguro. Por este motivo, aquellos que carecen de seguro médico (casi 50 millones de personas) sólo tienen la cobertura médica que ellos mismos puedan costearse en el mercado privado; asimismo, otros tantos millones de personas que disponen de seguro médico sólo tienen cobertura para determinadas enfermedades, e incluso en el caso de las enfermedades más graves o con mayores costes sanitarios, es habitual que la póliza sanitaria sólo cubra una parte de los gastos, por lo que los asegurados deben pagar cifras astronómicas para poder recibir la debida atención médica. En otras palabras, en Estados Unidos la diferencia entre vivir, morir o padecer una enfermedad hasta sus últimas y más crueles consecuencias, depende en gran medida de la capacidad económica de las personas.

Paradójicamente, el modelo sanitario que ahora defienden los demócratas, y que con tanta dureza critican los republicanos, se encuentra todavía muy lejos de los modelos sanitarios públicos europeos más avanzados. Así las cosas, y con independencia de cuál sea el resultado de las próximas elecciones legislativas, Estados Unidos será la primera potencia económica mundial, pero continuará en el furgón de cola en el ranking de los países que protegen un derecho tan básico para la dignidad humana como es el derecho a la salud.