La migración imaginada

Antonio Izquierdo
Catedrático de Sociología

Estos días se extiende la noticia de que los españoles emigran. Y la idea que está fraguando es la de que se marchan los mejores, de lo cual no hay evidencia concluyente, aunque sí anecdótica. En definitiva, es probable, pero no está confirmado. Por el contrario existe la doctrina, según la cual, los inmigrantes que han venido han sido los peores de cada casa nacional. Y sobre esta ideología tan aceptada sí que tenemos datos estadísticos, aquilatados a lo largo de una década, que la desmienten. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), más de la mitad de los inmigrantes no comunitarios (54%) tienen estudios medios, una cuarta parte primarios, el 17% universitario y un 4% son analfabetos. Pero la construcción social del inmigrante sin estudios se mantiene firme como una piedra que aplasta y, como mínimo, retrasa su ascenso social.

Las estadísticas son fugaces y los prejuicios contumaces. Por eso los datos registrados por la EPA o por la Encuesta Nacional de Inmigración (ENI) no pueden con la propaganda ni con el prejuicio. Un prejuicio tanto más inexacto cuanto que se extiende sobre todos los inmigrantes y, en el mejor de los supuestos, sobre todos aquellos que tienen una misma nacionalidad, sin distinción de sexo, edad o clase social. Aún cuando sabemos muy bien que la nacionalidad no nos hace iguales, en nada de lo que realmente importa en la vida, ni a los inmigrantes ni a los nativos. Así que al estigma educativo se suma el velo de la nacionalidad.

El caso es que la imagen de las pateras ha sido sustituida por la de la fuga de cerebros. Y ninguna de las dos figuras abarca el grueso de los flujos de entrada o salida. En realidad, las llegadas en cayuco nunca representaron más del 5% de las entradas anuales y, también tenemos noticias que niegan que todos los desembarcados fueran analfabetos. Lo mismo recalqué en el anterior editorial, pero respecto de las recientes salidas de “españoles”, que suman el 12% y que pueden incluir a inmigrantes de origen extranjero que han adquirido la nacionalidad española. La conclusión es que la migración imaginada (la emigración y la inmigración) antes que un dato fiable es una construcción políticamente interesada.