Trasvases: hacerlo sin mencionarlo

Carme Miralles-Guasch
Profesora de Geografía Urbana

Me da más miedo el ministro Miguel Arias Cañete que la ola de frío siberiano de estos días”, decía un twitt de un joven geógrafo, que me parece del todo oportuno. El ministro anunció en el Congreso 66 medidas que, en materia de medioambiente, pretenden enmendar la totalidad de la legislatura ambiental. Por tierra, mar y aire, esto sería un resumen de lo que pretende cambiar: ley de costas, de calidad del aire, de la biodiversidad, las emisiones de CO², etc. Pero de todo ello lo más preocupante es el nuevo plan hidrológico del agua que quiere llevar a cabo porque es lo más peligroso en términos ambientales, sociales y territoriales.

Hagamos un poco de memoria. En 2001 se aprobó el Plan Hidrológico Nacional del Gobierno de Aznar, cuando Jaume Matas era ministro de Medio Ambiente. El principal objetivo era el trasvase del Ebro hacia tierras valencianas, se tenía que reforzar el modelo de crecimiento especulativo que abanderaba la Comunidad Valenciana. Y para ello se promulgaron leyes urbanísticas que favorecían la especulación inmobiliaria y la construcción masiva, con los resultados que ya sabemos y que ahora estamos pagando con creces. Pero con poner a disposición de los especuladores todo el suelo disponible no era suficiente, el modelo requería de agua y esta estaba en el Ebro. Fácil: la llevamos, y con ello engrosamos las cuentas de las empresas constructoras y presumimos de solidaridad entre territorios.

El revuelo que se armó fue considerable; manifestaciones masivas en muchas ciudades españolas, declaraciones en contra de expertos y académicos. Incluso Europa expresó su disgusto. El proyecto afectó a gobiernos locales y autonómicos, y muchos cambiaron de color. Sin embargo el PP, con su mayoría absoluta, hizo, en la campaña electoral de 2004, un amago de inauguración de los primeros movimientos de tierra del trasvase.

El trasvase de 2001 y las intenciones del ministro Cañete forman parte de una misma estrategia geopolítica que tiene como objetivo la especulación territorial. Ahondar en un modelo de desarrollo que es caduco, que sólo beneficia a unos pocos y empobrece a la mayoría. Antaño se concentraba en el Levante español, ahora tenemos que estar alerta de dónde ponen las rayas en el mapa.