Del consejo editorial

Ganar tiempo

 FRANCISCO BALAGUER CALLEJÓN

Toda la estrategia del PP en relación con el caso Gürtel parece orientada en una sola dirección: ganar tiempo. A esa finalidad se está supeditando cualquier racionalidad en el tratamiento de este asunto, lo que explica que se estén dando respuestas insuficientes, contradictorias y claramente contrarias a las que cabría esperar de un partido democrático. Mientras tanto, la Justicia sigue realizando su trabajo y avanzando en la determinación de las responsabilidades penales de los implicados.

La última resolución, el auto del Tribunal Supremo (TS) en el que declara su competencia respecto de un diputado y un senador del PP (este último, tesorero de ese partido) en relación con presuntos delitos contra la Hacienda Pública y de cohecho, no parece haber alterado esta situación. Por el contrario, de manera incomprensible, el PP ha querido minimizar la gravedad de esta resolución apelando a cuestiones poco significativas (si el TS asume la totalidad de la causa o sólo la parte relativa a los aforados) o que no formaban parte del proceso (la posible financiación irregular del PP).
El tiempo de la justicia y el de la política son, por su propia naturaleza, diferentes. Los procesos judiciales son lentos porque deben respetar las garantías procesales y no pueden desarrollarse con la inmediatez con la que se pueden adoptar decisiones políticas.

Un modo razonable de abordar esa diversidad de tiempos es tomar las decisiones adecuadas separando el plano de las responsabilidad judiciales y el de las responsabilidades políticas. Una limpieza profunda en el PP resolvería radicalmente el problema político, de manera que la depuración de responsabilidades penales pasaría a un segundo plano, porque no afectaría a personas que estén desarrollando funciones importantes en el principal partido de la oposición o en las instituciones democráticas. La actividad política del PP podría seguir desarrollándose con normalidad, al desvincularse de los presuntos delitos que hayan podido cometer algunos de sus militantes y dirigentes.

¿Por qué entonces ese empeño en seguir retrasando las soluciones que se evidencian cada vez más necesarias? Después de la magra victoria obtenida en las elecciones europeas, no parece que ese empeño tenga ya mucho sentido. Pero tampoco lo tendría si el PP hubiera arrasado. Ni siquiera un partido con el 99% de apoyo popular podría hacer nada ante un simple juez, porque ese juez personaliza uno de los poderes del Estado, garantizando la división de poderes y el Estado de Derecho. La legitimación democrática no se consigue sólo ganando elecciones, sino también respetando la ley.
Los líderes del PP deberían saber ya que en política el tiempo siempre se pierde cuando no se actúa en la dirección adecuada. Con su pretensión de ganar tiempo, el presidente del PP está consiguiendo lo contrario: está haciendo perder el tiempo a su partido y a la sociedad española en momentos difíciles como los que estamos viviendo, en los que una oposición seria y constructiva sería fundamental para contribuir a superar la crisis.

Francisco Balaguer Callejón es  catedrático de Derecho Constitucional.