Crisis, elecciones y ‘Merkozy’

Pere Vilanova
Catedrático de Ciencia Política

Esta pronunciada crisis internacional esta poniendo a prueba algunas de las principales variables de nuestros sistemas de gobierno y de paso –en ocasiones– nuestra capacidad de sorpresa. Es bien sabido que en dos años, en suelo europeo, la crisis ha confirmado la tendencia de que si hay elecciones, el electorado le endosa la factura de todos los males al Gobierno y lo manda a casa. Bueno, a la oposición. Las excepciones a esta regla han sido bien escasas, y se ha reforzado la tendencia de que, además, Europa se ha teñido de gobiernos conservadores, con partidos de centro derecha o de derecha sólidamente refrendados en las urnas. Pero la crisis también ha abierto variantes nuevas: la “vía italiana” al Gobierno técnico, sin que nadie en su sano juicio pueda echar de menos a Berlusconi. Tampoco sabemos muy bien por qué, dentro de los países más castigados, en algunos casos la resistencia social y en la calle puede llegar a cotas dramáticas (Grecia), y en otros con dificultades similares, las protestas tienen un perfil mucho más bajo o nulo (Irlanda, Portugal).

Pero ahora entramos en una nueva variable: ¿qué harán los electores con Merkozy? Es cierto que le toca muy pronto a Sarkozy, y sólo a un año vista a Merkel. Al primero las encuestas le son desfavorables, podría verse sujeto a la tendencia general (el Gobierno, a la calle), pero con el peculiar sistema electoral francés a doble vuelta, no es seguro que la victoria del socialista Hollande sea tan obvia. Depende, por ejemplo, de la transferencia de votos de los electores cuyos candidatos se quedan por el camino, y sobre todo del Frente Nacional de Le Pen. Y Merkel, que ciertamente ha perdido varias elecciones regionales seguidas, no es seguro que tenga ante sí un adversario de talla, pues es mucho más popular en Alemania de lo que pensamos aquí fuera. Su problema a corto plazo es el desplome total de su obligado socio de Gobierno, el Partido Liberal. Queda por ver si las dos “locomotoras” de la Unión Europea (de hecho una y media: Francia no acaba de dar la talla) padecerán sus elecciones como el común de los demás mortales.