Del consejo editorial

La cuestión colombiana

Ramón Cotarelo

Desde un punto de vista geopolítico y con el pretexto de la lucha contra el narcoterrorismo, Colombia viene actuando como una cabeza de puente de los Estados Unidos en América del Sur. Aunque el país disponga del segundo ejército en importancia de la zona y muchos conflictos concretos vividos en los últimos años los hayan desencadenado acciones de las fuerzas militares o paramilitares colombianas (por ejemplo, el último ataque en territorio ecuatoriano), suele pretextarse que el auge del izquierdismo en los países aledaños supone un peligro para la seguridad nacional de Colombia y, desde luego, un riesgo para los intereses estratégicos de los Estados Unidos.

Invocando la lucha contra el narcoterrorismo, ambos países firmaron un acuerdo de defensa que pone siete bases militares a disposición de los estadounidenses en territorio colombiano, circunstancia que ha disparado la inquietud –cuando no la hostilidad– entre los países circunvecinos y pone en entredicho la veracidad del discurso de Obama de cambiar el enfoque imperial estadounidense en América Latina. Hasta puede decirse que se confirma, una vez más, la sabiduría convencional de que los demócratas acaban practicando siempre una política exterior más agresiva que los republicanos, y Obama no parece ser una excepción.

Para atender a esta crisis, de la que depende la estabilidad política del subcontinente y en la que incluso se barajaba la posibilidad de ruptura de relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela –cuyo mandatario, Hugo Chávez, hablaba de "vientos de guerra"–, se convocó la cumbre de Unasur, la organización que reúne a 12 países de la zona en San Carlos de Bariloche, en la Argentina. A fin de evitar un fracaso similar al que se produjo en la última, en Quito, a la que Álvaro Uribe no acudió por considerar que había animadversión hacia Colombia, esta reunión se planteó muy breve y, para soslayar posibles bloqueos, sin orden del día previo.

La mayoría de países de la zona, más o menos de izquierda, rechaza la presencia de bases militares estadounidenses sosteniendo que tienen una finalidad política estratégica que amenaza la soberanía de los estados y la global del subcontinente, pues la lucha contra el narcoterrorismo es sólo un pretexto. Por su lado, Colombia sostiene que el acuerdo no implica peligro alguno fuera de las fronteras colombianas, que la verdadera amenaza es el terrorismo y lo que considera la actitud connivente con él de algunos países de la región, así como la carrera de armamentos que, a su juicio, ha desencadenado la política exterior venezolana. De hecho, es cierto que se da un incremento de la carrera armamentística y el gasto militar se ha duplicado en América del Sur en los últimos cinco años, pero lo que se ha puesto en evidencia en el encuentro de Bariloche es que el enfrentamiento y la desunión entre los países de América del Sur impide una acción concertada en defensa de sus intereses y trabaja a favor del de los Estados Unidos de seguir controlando la zona directamente y por medio de gobiernos sumisos a su política.

Catedrático de Ciencias Políticas