Del consejo editorial

Madrid, más sabia

CARME MIRALLES-GUASCH

Ya sabemos que la ciudad olímpica en 2016 será Río de Janeiro. Pero situémonos en otro plano más allá de la ciudad vencedora. Cuando una ciudad decide presentarse como candidata a albergar unos juegos olímpicos y además, como lo ha hecho Madrid, va en serio y trabaja duro, empieza a preguntarse sobre ella misma.

Se percibe distinta, se sitúa en un mapa que tiene otra escala, que abarca otros territorios. Se instala mirando al mundo y se sabe observada por él. Y con ello empieza a formar parte de una red de ciudades que se ubican más allá de su geografía cotidiana. Ya no es sólo una ciudad capital de un Estado, o una ciudad costera o de interior. Su dimensión no sólo se relaciona con el número de sus habitantes o se la reconoce por sus monumentos o sus museos. Es una ciudad que se abre al mundo y a la que se reconoce situada en el universo de las grandes ciudades. Un calificativo que no atañe a lo cuantitativo, sino a lo perceptivo, a lo cualitativo. Su mapamundi no está dibujado por perfiles continentales, sino por un conjunto de ciudades que marcan los tiempos futuros.

Pero además ser candidata a unos juegos olímpicos requiere replantearse a sí misma, redibujarse, incluso en algunas ocasiones reinventarse, tejer nuevas alianzas con los máximos actores posibles. Con todo ello se inician una serie de proyectos, de planes, se acumulan ideas, se inventan, se sustraen de otras ciudades y de su propio pasado. Con lo que empieza a surgir un nuevo mapa, a acumular propuestas de los especialistas, de los técnicos, de su ciudadanía. Aparecen nuevas líneas de transporte público y se trazan redes viarias. Se propone rehabilitar algunos barrios, remodelar otros, rediseñar su oferta cultural y sus servicios turísticos. Se plantean estrategias de colaboración entre los sectores públicos y privados, tanteando nuevas posibilidades económicas. Se buscan alianzas políticas con otras administraciones, los opositores políticos se convierten en aliados de una causa común.

Sin embargo, todo esto no sirve si sólo está dibujado sobre un papel o forma parte de una memoria técnica. Las condiciones para que una ciudad sea candidata olímpica dictan que bastantes de estas propuestas se hagan realidad en pocos años. Empiezan obras, se amplían ofertas en servicios y equipamientos. Y con ello se va construyendo un modelo de ciudad, que puede que no guste a todo el mundo, pero que afianza, en un sentido o en otro, la forma futura de la ciudad.

Y con ello se crea ilusión ciudadana, se asienta el sentido de pertenencia a la ciudad y se combate el desapego al entorno. Esta nos aparece como más nuestra. Además crecen las relaciones empáticas con los habitantes de otras ciudades. El sentido ciudadano, aquello que no es material pero sí vital para que una ciudad funcione, se desarrolla y se alimenta.
En definitiva, se acumula sabiduría urbana. Capital urbano. Un aprendizaje que por complejo, no se improvisa, pero tampoco se pierde, se acumula. Todo ello, y puede que muchas cosas más que ya no entran en este artículo, ha ganado Madrid.