Del consejo editorial

Soberanía alimentaria contra el hambre

CARMEN MAGALLÓN

La Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria, organizada por la FAO en Roma en días pasados, nos ha dejado un poso amargo. Sobre todo porque la declaración final no contiene los compromisos concretos de aportación de los fondos que son necesarios para avanzar hacia la erradicación del hambre, un objetivo urgente que no hay que argumentar y que, en vez de acercarse, parece alejarse del horizonte. Ni siquiera está claro que pueda alcanzarse el objetivo del milenio de reducir a la mitad, para 2015, el número de personas que padecen hambre.

Para cualquier ciudadano de un país rico, esta falta de compromiso debería producir vergüenza e indignación. Porque si los responsables de la crisis financiera tienen ahora en su haber otra ignominia más, la de haber provocado el aumento del número de personas hambrientas en el mundo hasta llegar a la máxima cifra, nunca antes alcanzada, de 1.020 millones, la inasistencia a la cumbre de los jefes de Estado de los países enriquecidos (los miembros del G-8 que en su día corrieron a rescatar a los bancos con sumas millonarias) ha mostrado el grado de interés que otorgan al problema. Me pregunto hasta cuándo soportaremos la ceguera ante lo importante que despliega la lógica de la acumulación económica en la que estamos inmersos.

De nuevo, hay que decirlo: para eliminar el hambre sólo hace falta voluntad política. Algunos países la han tenido y han avanzado, lo que muestra que es posible. Armenia, Brasil, Nigeria y Vietnam son ejemplos de éxito que pueden ser analizados. De paso hay que decir que el nombre del programa de Brasil, Hambre cero, expresa con dignidad el único objetivo que habríamos tenido que definir, en vez de perseguir la corta meta de "reducción a la mitad".

Más esperanza suscitan los trabajos del Foro Paralelo, reunido los mismos días y formado por movimientos sociales, ONG y organizaciones de la sociedad civil de 93 países. Para los pequeños agricultores y pescadores, pastores, mujeres, jóvenes y pueblos indígenas reunidos en el Foro, la solución al problema del hambre es la soberanía alimentaria, es decir, una transformación del sistema alimentario actual que asegure el acceso equitativo y el control sobre la tierra, el agua, las semillas, la pesca y la biodiversidad agrícola de quienes producen los alimentos.

Sus prácticas ecológicas, según la declaración del Foro Paralelo, "se centran en alimentar a las personas y no en el beneficio de las corporaciones. Es un suministro sano, diverso, local, que enfría el planeta". Entre las cuestiones que el Foro pide a la comunidad internacional están las siguientes: que ponga fin a las violaciones de derechos humanos relacionadas con los desplazamientos forzosos y la confiscación de tierras; que la ayuda de emergencia se obtenga lo más localmente posible y no se utilice para presionar a los países a aceptar organismos genéticamente modificados; y que los alimentos no sean usados como arma política.

Carmen Magallón es doctora en Físicas y directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz