Dos pasaportes

ANTONIO IZQUIERDO

Catedrático de Sociología

La Ley de la Memoria Histórica (LMH) tiene también repercusión migratoria. Tres generaciones de descendientes de emigrantes españoles van a poder nacionalizarse y hacer uso de un segundo pasaporte para moverse por el mundo. Así que su entrada en vigor generó una gran alarma inmigratoria imaginando que todos los naturalizados encaminarían sus pasos hacia España. Pensamos, por el contrario, que esta norma va a servir para integrar más y mejor a los nuevos españoles allí donde vayan o estén.

Los beneficiarios no pierden la anterior nacionalidad, de modo que la ley fabrica ciudadanos binacionales donde sólo había extranjeros que tuvieron algún antepasado español. Con ella mejoran las oportunidades de movilidad y de integración de tres generaciones de descendientes de la emigración española. Pero también es una norma que aumenta el prestigio de la democracia española en el exterior porque muestra que no olvidamos las consecuencias de nuestro fracaso económico ni de la Guerra Civil.

Durante este año se han presentado 150.000 solicitudes y, suponiendo que durante 2010 la cifra llegue a duplicarse, el volumen final no rebasará el medio millón de nacionalizados. Dos datos interesantes son que la tasa de denegaciones no llega al 8% y que, por ahora, sólo la mitad de los nacionalizados han pedido el pasaporte. Por otro lado, nueve de cada diez solicitantes son hijos de españoles que viven en algún país latinoamericano y únicamente un diez por ciento del total de peticiones provienen de nietos de españoles exiliados.

Los hijos de la emigración a América Latina son personas mayores que tienen su vida ya hecha y no van a mudarse a España. Piden la nacionalidad pensando más en sus hijos que en ellos. Por el contrario, los nietos del exilio son gente joven y cualificada que busca mejores oportunidades de trabajo. Irán a España, a EEUU o a otros países con un pasaporte de la UE. Algunos de estos descendientes de exiliados no han oído hablar de la Guerra Civil en su casa y buscan las claves de ese silencio. Pero el pasaporte español es, sobre todo, una oportunidad añadida de movilidad como ciudadanos comunitarios.

La ley no va a provocar un alud inmediato de inmigrantes por razones de identidad. En primer lugar porque los postulantes son menos de los estimados y porque la binacionalidad no conduce necesariamente hacia el país de la segunda nacionalidad. En la práctica, la doble nacionalidad se ejerce según las circunstancias: unas veces para casarse, otras para votar o acceder a alguna prestación, y también se usa para entrar en un país aún sin ánimo de establecerse. Tener dos pasaportes tiene muchas ventajas y, en la práctica, se utiliza el que más nos beneficia.

En el plano migratorio, la ley va a tener una consecuencia directa e inmediata y otra diferida. La directa dice que seremos más españoles y andaremos más repartidos por el mundo. La diferida podría significar que con el tiempo algunos de los nietos y bisnietos más jóvenes se decidan a vivir en España. Pero esta ley también nos enseña que la migración es parte de nuestra cultura.