Del consejo editorial

¿Protesta o apatía?

ALFONSO EGEA DE HARO

Profesor de Ciencia Política

El cada vez menor interés de la ciudadanía por la política coincide con la percepción popular de que la política interfiere cada vez más en otras esferas, como los medios de comunicación, la justicia o la identidad cultural. Se produce así la paradoja de que, cuando mayor debiera ser el control democrático de los gobernantes, menor es la participación de los ciudadanos en las elecciones.

Las elecciones regionales que se celebran este mes en Italia y hoy en Francia son buena prueba de ello. Estas elecciones servirán para expresar el voto de protesta contra dos de los líderes más empeñados en cultivar la popularidad como ideario político, Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi. En ambos casos, los resultados electorales apuntan a un fortalecimiento de los partidos de centro izquierda, pero también de formaciones que, como el Frente Nacional de Le Pen (11,42% de los votos en la primera ronda) o la Liga Norte de Bossi, fundan su discurso en el rechazo al extranjero. En el caso de la Liga, además, su participación en la coalición de Gobierno puede amortiguar los efectos del voto de protesta.
Es cierto que estos comicios ofrecen una lectura complementaria. Los resultados de la primera vuelta en las elecciones francesas han constatado cómo la abstención supera el 50%, lo que convertiría a esta en la primera fuerza política del país. En Italia, que celebra elecciones regionales los próximos 28 y 29 de marzo, las previsiones apuntan igualmente a un alto nivel de abstención. Según la encuesta realizada por SGW, si bien el 58% de los entrevistados son contrarios a la abstención por incumplir un deber cívico, hasta un 51%, entre 18 y 34 años, mantiene que es una forma legítima de objeción de conciencia ante la actual clase política.
El abstencionismo es tanto un reflejo de la apatía de los ciudadanos por la política como, sobre todo, una manifestación consciente del descontento hacia la clase política. Sin embargo, la visibilidad de esta segunda opción es muy reducida y no genera una disminución del número de representantes a elegir. Por el contrario, el abstencionismo suele ser rentabilizado por los partidos políticos al permitirles justificar la pérdida de votos y confiar una victoria futura a la movilización de su electorado. Sería deseable entonces que en estas asambleas regionales los nuevos representantes se interrogasen sobre las medidas a adoptar para reducir el abstencionismo.