Otro fracaso del mercado

JORGE CALERO

Catedrático de Economía Aplicada

Conocemos ya con cierto detalle los problemas que ha generado un mercado poco regulado en el sistema sanitario de Estados Unidos. Quizás es menos conocido el efecto de malos diseños institucionales, donde se da un excesivo papel al mercado, sobre el sistema educativo norteamericano. Me refiero en particular al efecto que ha tenido la proliferación de procesos de evaluación generada por la ley de educación No Child Left Behind (2001) que impulsó la administración de George W. Bush.
A partir de la aplicación de la Ley se han multiplicado las evaluaciones externas que permiten conocer el nivel de competencias de los alumnos. Este tipo de evaluación, en principio, constituye un excelente sistema para que las escuelas rindan cuentas de sus actividades ante la administración y la sociedad. Sin embargo, en Estados Unidos, la dejación de funciones por parte del sector público ha permitido que el control de las reglas del juego sea ejercido por una serie de empresas que compiten entre sí para diseñar y aplicar las evaluaciones.
Se suele afirmar que quien tiene la vara de medir tiene el poder, en referencia a cómo el control de la evaluación determina, finalmente, el tipo de servicio que se presta. En Estados Unidos, la “vara de medir” finalmente la tienen las empresas privadas de evaluación. Y las propias necesidades de las empresas (esencialmente, ser competitivas mediante la reducción de costes) llevan a que las pruebas de las evaluaciones se hayan simplificado: las pruebas complejas, con más dificultad en la respuesta, son también pruebas caras, difíciles de diseñar y de corregir, que las empresas evitan a toda costa. Y la enseñanza en las escuelas finalmente acaba amoldándose a la vara de medir, extendiéndose lo que se denomina teaching to the test: el nivel baja y, además, se orienta, como en la cama de Procusto, al grupo de estudiantes con competencias intermedias. Es más, la actividad de los profesores pasa a centrarse en los estudiantes que pueden alcanzar el nivel mínimo aceptable con poco esfuerzo docente adicional.
Lo que he expuesto es sólo un ejemplo más de cómo una confianza ingenua en el mercado (o, en su caso, un interés en proporcionar oportunidades de negocio) no proporciona, a menudo, una base sólida para la provisión de servicios que son cruciales en las trayectorias vitales de los ciudadanos.