Están aprovechando la crisis

JUAN FRANCISCO MARTÍN SECO

Economista

Rahm Israel Emanuel, jefe del Gabinete de Obama, hizo famosa la frase “nunca hay que desaprovechar una crisis”. Desde la óptica de un Gobierno teóricamente progresista como el de Obama, se refería a disciplinar y controlar el sistema financiero, y a utilizar los planes de estímulo para ampliar y potenciar la red de protección social. La frase del político norteamericano se ha cumplido, pero en sentido opuesto. Los poderes económicos y financieros, con la complicidad de la mayoría de las fuerzas políticas y de los organismos internacionales, están aprovechando la crisis para avanzar aún más en la aplicación de las recetas del neoliberalismo económico.
En España, los desaforados recortes en el gasto público van a provocar efectos muy negativos sobre los servicios y las prestaciones sociales. Se viola el Pacto de Toledo, y las pensiones, que por primera vez este año perderán poder adquisitivo, se enfrentan a una nueva reforma a la baja. Se abarata sustancialmente el despido. Durante más de 12 años, la mayoría de las empresas han obtenido fabulosos beneficios, pero bastará que en el futuro las condiciones económicas sean negativas para que se considere justificada la disolución del contrato de trabajo y el empresario pueda prescindir, con un coste muy reducido –y además subvencionado–, de los trabajadores que desee.
La situación laboral de la mayoría de los ciudadanos quedará sometida a una gran incertidumbre. ¿Qué se entiende por la frase “… cuando de los resultados de la empresa se desprenda una situación económica negativa”? Cada juez podrá interpretarla de manera diferente y no parece que los empresarios vayan a tener muchas dificultades para maquillar las cuentas, dado que los magistrados no son, precisamente, especialistas en la materia.
Resulta sencillo imaginar el desenlace. Lejos de crearse empleo, tal como se afirma, se multiplicarán los despidos. Incluso caeremos en una cierta eutanasia laboral. Los empresarios estarán tentados a sustituir trabajadores mayores por otros jóvenes con retribuciones inferiores. Y el miedo a perder el puesto de trabajo reprimirá cualquier reivindicación y obligará a tolerar las condiciones más degradantes. Tal vez sea esa la finalidad principal de la reforma. No es de extrañar que tales medidas reciban los parabienes del Fondo Monetario Internacional. Ciertamente, están aprovechando la crisis.