Del consejo editorial

La paridad, ¿estética o derecho?

CARMEN MAGALLÓN

Directora de la Fundación SIP (Seminario de Investigación para la Paz)

Esta crisis que nos envuelve y que, no habríamos de olvidar, fue desatada por la codicia financiera de algunos –siempre bajo el amparo de un orden mundial que sitúa la política y a los políticos al servicio de los grandes intereses económicos y, visto lo visto, de las grandes codicias planetarias– amenaza con tirar por tierra algunos de los importantes avances sociales que tan costosos fueron de conseguir. Entre ellos, el modelo de paridad en la conformación del Gobierno del Estado, como se desprende de algunas críticas que se están escuchando en las últimas semanas sobre la conveniencia de suprimir ciertos ministerios. Se da la circunstancia de que la mayoría de los candidatos a la eliminación está ocupada por mujeres. Incluido el Ministerio de Igualdad, una de las principales novedades del mandato socialista, con el que se ha pretendido impulsar de una manera más visible las políticas de equiparación de la mujer con el varón en la sociedad.
Un periodista llegó a invocar la crisis para reclamar un cambio de "este Gobierno estético" por otro que incorpore los "pesos pesados realmente existentes". En el fondo, y aunque no se diga de manera explícita, esta alusión al peso está clamando por la vuelta a un Ejecutivo de varones de peso, dejando de lado otras cuestiones, a las que se devalúa tachándolas de "estéticas". ¿Es la paridad un asunto de estética? ¿O es un derecho? ¿Salir de la crisis reside en saberes que corresponden a uno de los sexos? ¿Hace realmente peligrar la acción del Gobierno la presencia de un equilibrio que refleja la proporción poblacional y que, por tanto, es espejo del derecho a decidir de unos y otras?
A la hora de resolver al respecto de una posible reestructuración, el presidente del Gobierno tendría que tener en cuenta que somos muchas y muchos quienes pensamos que este es un avance social importante en el que no se puede retroceder. Que el reconocimiento efectivo del derecho de las mujeres a compartir el poder con los hombres al más alto nivel, es decir en la acción del Gobierno, hace de este país un modelo para las poblaciones de muchos lugares del mundo, algo que no se puede devaluar ni banalizar. ¿Tan difícil es asumir que la excelencia no es propiedad de ningún sexo ni la paridad un adorno?