Del consejo editorial

Más política contra el cambio climático

CARME MIRALLES-GUASCH

Profesora de Geografía Urbana

En plena canícula estival pensar que nuestros nietos van a tener unas temperaturas seis grados más altas que las actuales da que pensar. De forma reiterada, los medios de comunicación, van informando sobre los nuevos valores térmicos que el cambio climático va a imponer en nuestras latitudes peninsulares en un futuro que se percibe como presente.
Los científicos pueden calcular los nuevos escenarios térmicos y pluviométricos, pero la solución o disminución de los efectos del cambio climático sólo puede ser política. Es decir, tiene que proceder de pactos implícitos y explícitos entre distintos actores sociales, donde la opinión pública, los partidos políticos y los agentes económicos tienen que tener un papel principal. Es necesario que la sociedad esté involucrada contra el cambio climático y que la ciudadanía se perciba a sí misma formando parte del problema, pero también de la solución. Aquí las acciones a corto plazo son imprescindibles para alcanzar las de largo plazo. Sin embargo, las políticas contra el cambio climático no pueden tener vigencias de cuatro años. No pueden estar circunscritas a los periodos electorales y defendidas sólo por los partidos que tienen responsabilidades de gobierno. Los tiempos de la política y los tiempos del clima son tan dispares que es imprescindible lograr acuerdos interpartidarios que permitan realizar políticas con horizontes que impliquen varias décadas. También los ámbitos territoriales de acción de los gobiernos estatales y los que alcanza el cambio climático son tan diversos que es necesario llegar a acuerdos multilaterales que integren escalas territoriales diversas.
A todo esto, es imprescindible que los agentes económicos perciban nuevos espacios de negocio en la lucha contra el cambio climático y se unan a ello. Cambios tecnológicos, sustitución de fuentes de energía obsoleta por renovables, reorganización de los sistemas de trabajo y la búsqueda de nuevas áreas de oportunidades serán imprescindibles para que las empresas
–grandes y pequeñas– sean actores principales de la política del cambio climático.
En el siglo XXI, la política tiene en el cambio climático uno de sus mayores retos. Una política donde ciudadanos, partidos políticos y empresas tienen que ser los protagonistas.