Del consejo editorial

Primarias en Madrid

RAMÓN COTARELO

Catedrático de Ciencias Políticas

La pugna entre Trinidad Jiménez y Tomás Gómez por la candidatura a la Presidencia de la Comunidad de Madrid puede parecer una injerencia de la Secretaría General del PSOE que no se da en otras comunidades. Fracasada la vía del contacto personal, el aparato del partido defiende el proceso de primarias. Cierto que estas son siempre de desear para dar cumplimiento al mandato constitucional de democracia interna de los partidos. Pero esgrimido por el aparato este argumento no es convincente, porque si Gómez se hubiera arrugado no hubiera habido primarias, como ha sucedido con la candidatura de Lissavetzky al Ayuntamiento.
Gómez es secretario general del PSM mediante una elección en 2007 que no tuvo competidores porque sus adversarios no consiguieron los avales precisos. Fue reelegido en 2008. Secretario general y candidato a la Presidencia de Madrid porque esa es la costumbre en el PSOE, que no es bicéfalo como el PNV. Así que injerencia, hayla. Es sino de Madrid que los gobiernos nacionales, sean del PSOE o del PP, se inmiscuyan en quiénes hayan de ser sus alcaldes y presidentes. Esto significa algo, pero analizarlo nos llevaría muy lejos.
Las primarias son siempre recomendables. Tomás Gómez puede sentirse instrumentalizado y seguramente con razón, pero es derecho de todo militante presentarse a las elecciones internas. Zapatero fue elegido secretario general y candidato en pugna con otros tres, entre ellos Rosa Díez. En un estilo más caudillista, Mariano Rajoy fue designado por Aznar y sólo ratificado en un congreso tras perder las elecciones de 2004. En las primarias se valora a los candidatos. El comienzo de Trinidad Jiménez negando la evidencia de su paracaidismo no es muy acertado. Por fortuna, las primarias aseguran mayor cobertura mediática y Jiménez podrá explicarse. Pero lo mismo sucede con su rival a quien se le reprocha la baja expectativa de voto por ser poco conocido. Con las primarias lo será, y mucho.
Esa mayor proyección mediática quizá aconseje al PP introducir cambios también en su selección de candidatos. Pero el problema de los conservadores no es el de las posibles tensiones internas por las candidaturas, sino el desprestigio de su gobierno de las instituciones locales y autonómicas por la densa trama de presunta corrupción que las aqueja y que no hará sino agravarse con una mayor exposición mediática.