Del consejo editorial

La inmigración china en España

JORGE CALERO

Catedrático de Economía Aplicada

El conocimiento de la inmigración china en España es limitado, lo que ha dado lugar a una especie de "xenofobia diferencial" específica con respecto a la comunidad china que se plasma incluso en una serie de leyendas urbanas descabelladas (y en ocasiones malintencionadas). Para entender algo más las características de esta inmigración, se ha de partir de una diferencia básica con respecto a otras migraciones por motivos económicos que hemos recibido en España en la última década. Se trata de una inmigración procedente de un país con un fortísimo crecimiento económico sostenido y una intensa expansión comercial, que reúne ya las condiciones para convertirse en breve en la potencia económica hegemónica. Pese a ello, existe en China una abundancia de fuerza de trabajo que se traduce en la prevalencia (de momento) de salarios muy bajos y de condiciones laborales comparativamente malas. Todo ello se da en un contexto cultural en el que históricamente las migraciones, tanto internas como externas, han sido masivas y frecuentes.
La inmigración china es también excepcional en otros dos sentidos: en primer lugar, el capital humano que transmiten los inmigrantes chinos a sus jóvenes es, como media, elevado. Buena muestra de ello son las excelentes puntuaciones que obtienen los alumnos de origen chino en España en las evaluaciones estandarizadas de competencias matemáticas y el magnífico rendimiento de los jóvenes en las universidades. Es probable que en pocas décadas los estudiantes de origen chino tengan una posición tan ventajosa en la universidad española como ya la tienen desde hace tiempo los estudiantes asiáticos en Estados Unidos. En segundo lugar, la intensidad de las relaciones familiares y comunitarias permite a muchos inmigrantes chinos el desarrollo de actividades económicas en un entorno protegido (pensemos, por ejemplo, en el acceso al crédito fuera de los mercados financieros).
Hasta el momento, la inmigración china ha cubierto, de un modo flexible y con gran capacidad de adaptación, una serie de demandas en diferentes ámbitos de la distribución y los servicios en nuestro país. Pero los elementos que he mencionado parecen indicar que ese éxito es únicamente el principio de un proceso de mayor envergadura, en el que la inmigración es un instrumento adicional de la expansión comercial y, en última instancia, de la hegemonía económica china.