Evitar el síndrome de Estocolmo

JORGE CALERO

Catedrático de Economía Aplicada

Resulta dudoso que detrás de la energía que despliega el Gobierno en la aplicación de políticas restrictivas haya, realmente, convicción. Difícilmente el Gobierno puede creer que una política centrada en la contención del déficit contribuya a la recuperación económica en el corto y medio plazo; tampoco nadie, por muy optimista que sea, debe estar pensando que las medidas restrictivas vayan a contribuir a ganar las elecciones de 2012. Las presiones externas, de los socios europeos y de los mercados, explicaron el giro radical tomado en mayo, por el que el Gobierno está actuando encorsetado en políticas en las que no se siente especialmente a gusto. En políticas que, en realidad, no son “las suyas”, como se apreció, por ejemplo, en la rapidez en recuperar algún gasto en infraestructuras después del ahorro generado por el abaratamiento de la deuda pública.
Queda, desde luego, la sospecha de que las presiones externas intensificadas en mayo tuvieron un componente irracional, prejuiciado. Las condiciones objetivas de los indicadores españoles, equiparables a los de otros países, no explican la dureza de la exigencia que se nos impuso. Hasta qué punto el Gobierno podría haber resistido las presiones y mantenido su rumbo original o, en todo caso, haber introducido sólo ligeras modificaciones, constituye otro debate que deberá ser abordado. En todo caso, la capacidad de resistencia del Gobierno se vio debilitada por una serie de inconsistencias previas que cada vez resultan más evidentes.
Con independencia del difícil trance por el que pasa, el Gobierno y, por supuesto, el PSOE, debería seguir recordando cuál es su estrategia, su línea programática en el largo plazo. Debería, sobre todo, evitar los riesgos del síndrome de Estocolmo: debe quedar claro que la política económica que se está desarrollando es más fruto de un accidente que de decisiones propias y que, en cuanto se tenga oportunidad, se retomará un rumbo más coherente con el programa socialdemócrata. El margen que queda para ello durante esta legislatura es pequeño, teniendo en cuenta la configuración del Presupuesto para 2011. Sin embargo, la credibilidad del PSOE, su especificidad con respecto a los partidos liberal-conservadores y, finalmente, su capacidad para seguir siendo un partido de Gobierno se juega en este terreno.