Del consejo editorial

Informe sobre la población mundial 2010

CARMEN MAGALLÓN

Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) acaba de presentar el informe anual sobre la población del mundo que alcanza ya los 6.908,7 millones. En los datos estadísticos que incluye pueden verse las grandes cifras de la desigualdad mundial, en particular la que existe en algo tan básico y radical como la duración de la vida. Las brechas producen indignación: los hombres de las regiones más desarrolladas tienen 18 años más de esperanza de vida (74) que los de los llamados países menos adelantados (PMA). En el caso de las mujeres, esa diferencia es de 23 años. En cuanto al analfabetismo en mayores de 15 años, si el promedio mundial es de un 12% (hombres) y un 21% (mujeres), en los PMA los analfabetos son el 33% y las analfabetas el 50%.

El informe se centra este año en historias de personas que han reconstruido sus vidas tras un conflicto armado o una catástrofe humanitaria, colocando como protagonistas a las mujeres del mundo, al coincidir 2010 con el décimo aniversario de la resolución 1325 del Consejo de Seguridad. Considerada un hito en las relaciones internacionales por subrayar y alertar sobre la diferente vivencia de las mujeres en los conflictos armados, tanto como sujetos de construcción de paz y reconstrucción post-conflicto como por ser objeto de violación sistemática, la 1325 se ha convertido en una fuerza generadora de cambio.
Es importante este enfoque, que pone el acento en la generación de cambios, en esa capacidad humana para salir adelante, ejemplificada en rostros y voces de quienes han vivido en su propia piel la violencia, la vida bajo condiciones de ocupación y, en muchos casos, más de 40 millones de personas, el desarraigo de convertirse en refugiados o desplazados internos.
Las historias relatadas de Bosnia y Herzegovina, Haití, Jordania, Liberia, el territorio palestino ocupado de Cisjordania, Timor Leste y Uganda, nos muestran la urgente necesidad de seguir denunciando la codicia agazapada en las estructuras financieras y comerciales, que siguen arrojando leña al fuego del comercio de armas y la explotación de recursos, pasando por encima de las vidas humanas y la vida de la naturaleza. Pero también nos enseñan que es posible vivir y relacionarse de otro modo, con más justicia e igualdad, y proyectar esperanza frente al cinismo y la impotencia, que están siempre al acecho.