‘A muliere undique caveto’

Cuántas veces puede una persona sufrir un secuestro? ¿Cuántas veces la mala suerte se ceba en una familia de manera idéntica y reiterada y los priva de un niño por el que hay que pagar, una vez, y otra, y otra? Y, ¿cómo es posible que, tras mentiras reiteradas, tras el robo con engaños de 600.000 euros, un hombre manifieste continuar enamorado de su mujer?
Esta familia extraña, esta atípica construcción de afectos, está viviendo estos días bajo una exploración casi tan intrigante como su comportamiento. ¿Era, bajo todas las apariencias, un pacto de medias verdades entre una mujer mentirosa compulsiva, avariciosa pero, por alguna razón, fascinante para su marido, que en parte sabía y en parte deseaba ignorar? ¿Vivían en un perpetuo estado de excitación, de adrenalina, una adicción a la aventura, una existencia fabulada en la que los hijos tomaban parte, como un eterno juego de rol? ¿Había un límite al miedo por las posibles consecuencias de un rapto real a los niños, o habían fijado hasta qué punto el juego debía costar una cifra?
De la misma manera en la que hay gente capaz de perdonar infidelidades, o que incluso da por hecho que son parte de la dinámica de pareja, quizás esta supo adaptarse a las mentiras, y a que grandes sumas de dinero dieran peso a esa realidad. La mujer, que irá a prisión sin ni siquiera pasar por un juicio, defiende su inocencia. Sus dos hijos mantienen esa teoría, la de los desconocidos que cada cierto tiempo llegaban y los arrebataban del lado de sus padres. Hablan del amor que la pareja aún se tiene, de su regreso juntos, y quizás no mientan. No se eligen los amores, sólo a los amantes: quién sabe lo que este matrimonio ame en realidad, enmascarado en los cuerpos de quienes tienen delante.