¡Por fin!

Por fin algo se mueve en este país que parecía estar dormido! Llevábamos años viendo cómo muchos políticos se burlaban del sistema democrático sin que nadie alzara la voz para protestar. Años tragando con la corrupción y aceptando la ausencia del debate de ideas, reemplazado por el griterío de tópicos e insultos. Cargando con unos partidos mastodónticos y fosilizados, en los que triunfa el clientelismo y no la inteligencia. Soportando una Ley Electoral injusta, que favorece con descaro a los de siempre.
Últimamente, las cosas no han hecho más que ir a peor, y a velocidades de vértigo. Ante nuestros propios ojos, izquierda y derecha parecen haberse puesto de acuerdo en que la única solución a los problemas económicos consiste en arrodillarse a los pies de los lobos, ir privándonos poco a poco de derechos y comenzar el desmantelamiento de un Estado del bienestar al que apenas empezábamos a incorporarnos. En medio de un silencio acongojante.
Democracia Real Ya y el movimiento 15-M están demostrando que mucha gente aún está viva y desea rebelarse, dejar de agachar la cabeza bajo los abusos y los discursos vacíos. Y, sobre todo, luchar: por un futuro mejor y por una democracia que tal vez haya que revisar a fondo, inventando formas diferentes de hacer política, más cercanas a la realidad y menos cínicas. Aunque no pueda estar allí físicamente, mi corazón y mi cerebro están estos días en las plazas de España, apoyando a los jóvenes que tendrán que sacar adelante este país de otra manera más sensata. Y si para eso hay que coger buena parte de lo establecido y tirarlo a la basura, habrá que hacerlo. Sin miedo.