Desde lejos

A por el ladrillo

Hace tiempo que lo veíamos venir: la crisis, magnífica excusa para unos cuantos desmanes políticos, afectaría también al medio ambiente, relegándolo aún más allá en la lista de prioridades. O, todavía peor, justificando cualquier tropelía en nombre del desarrollo económico, con el pretexto de que es más importante crear riqueza para el tiempo inmediato que proteger nuestro entorno pensando en el futuro. Ya los últimos gobiernos del PSOE caminaban por esa senda. Y este primero del PP lo está dejando bien claro desde el principio: el respeto a la ecología le parece un freno al progreso, y no está dispuesto a tragar con esas tonterías.

El ministro del ramo, Arias Cañete, afirmó apenas nombrado que no sabía nada del asunto. A esa declaración poco prometedora le siguió el anuncio la semana pasada de una "reforma muy profunda" de la Ley de Costas, que permitirá asignar nuevos usos al litoral, y del próximo desarrollo del turismo –aún más– en los parques nacionales. Resumiendo: nada se interpondrá para que un nuevo ataque del ladrillo y la masificación siga destruyendo nuestros paisajes y todos sus tesoros ecológicos.

Pero las malas noticias no terminaron ahí: dos días después, se supo que nuestro país renunciaba a seguir ocupando la presidencia del Programa de Medio Ambiente de la ONU, cargo que nos correspondía ejercer durante un año más, justamente el año en que se celebrará la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro. Está claro que en lo de proclamar su ignorancia, el ministro fue sincero. Aunque, por lo que vamos viendo, podía haber mencionado también su total desinterés.