Desde lejos

La indiferencia en Cunit

Cuando en el año 2005 estalló la llamada "crisis de las viñetas" por las famosas caricaturas de Mahoma, me sorprendió la reacción de muchos intelectuales y políticos europeos de izquierdas. Al cabo de innumerables siglos de luchas, condenas y ejecuciones, la libertad de expresión parecía estar plenamente establecida en este continente. Pero unos cuantos decidieron que todo lo que tuviera que ver con el islam quedaba al margen de ese derecho.

Salvando las distancias, esa especie de ceguera o temor de parte de la izquierda hacia la religión musulmana, extremismos incluidos, vuelve a repetirse ahora con el asunto de la mediadora cultural de Cunit. Fatima Ghailan, creyente pero razonable, se ve amenazada por el imán de su comunidad y otras tres personas por su comportamiento. ¡Una mujer que se atreve a no llevar velo, conducir un coche o relacionarse con gentes no musulmanas!
Mientras el juez de El Vendrell dicta para los acosadores la orden de alejamiento de Ghailan y sus hijos, la alcaldesa de Cunit, la socialista Judit Alberich, se lava las manos y deja abandonada a su trabajadora. Y, para colmo, los dirigentes provinciales del PSC se reúnen el pasado fin de semana y arropan a Alberich en su gestión del conflicto, sin levantar la voz a favor de Ghailan. Sé que el asunto de la integración de los musulmanes es complejo, pero, desde luego, el silencio frente a los integristas y la indiferencia ante sus víctimas sólo conducen al recorte de las libertades que tanto nos ha costado conseguir. Si defendemos los derechos humanos y la libertad, que sea para todos, musulmanes/as incluidos.