Desde lejos

Contra el dolor

Esta es por desgracia una anécdota real ocurrida hace poco en mi entorno: la esposa de un hombre enfermo de cáncer y casi moribundo se ve un día obligada a llamar al médico habitual de la familia ante el malestar de su marido. El doctor, informado de la medicación que el paciente está tomando por orden de su oncólogo, decide quitarle la morfina: "Esto es lo que te sienta mal", le dice. Y se va tranquilamente, dejando al hombre sometido no sólo a su padecimiento, sino además al síndrome de abstinencia.

La revista Annals of Oncology acaba de publicar un informe de las sociedades europeas de Oncología y Cuidados Paliativos sobre la manera como se trata el dolor en el continente. La conclusión final es que en muchos países la situación es textualmente "catastrófica". Acceder a un opiáceo es a menudo dificilísimo, cuando no imposible. Las leyes controlan en exceso su uso, tratando de evitar su venta en el mercado negro. Y existen todavía demasiados médicos contrarios a esos potentes analgésicos.
En medio del desastroso panorama europeo, España ocupa uno de los peores lugares. Con menos de 6 miligramos por cabeza, el consumo de morfina recetada está aquí muy por debajo de la media de nuestro entorno, que es de 12, 5. Sospecho que se debe a la raigambre del catolicismo, que considera que hay que sufrir lo que Dios nos mande. Algún día habrá que discutir pausadamente sobre la eutanasia (y espero que sea pronto). Pero antes tendremos que aprender de una vez por todas que evitar en la medida de lo posible el dolor de un enfermo es uno de los derechos humanos elementales. Por el bien de todos.