Desde lejos

La píldora

En 1960, el mundo conoció un descubrimiento que cambió la vida de millones de personas: la píldora anticonceptiva, que permitió a las mujeres –y a sus parejas cuando existen– disfrutar de una vida sexual mucho más libre. En España la píldora tardó aún 18 años en llegar, y no fue permitida hasta 1978.

Cosas de la todopoderosa Iglesia, claro, que aspiraba y aún aspira a que los matrimonios sólo practiquen el sexo con fines reproductivos. Aun así, la píldora se aprobó, pero las reticencias hacia ella fueron durante décadas muy importantes, y probablemente todavía lo sean. Se decía que engordaba, que causaba graves problemas de circulación y cardiacos, que acortaba la vida, etc. Conozco a mujeres que han preferido arriesgarse a quedarse embarazadas antes que tomar ese supuesto veneno. Y a ginecólogos que, excusándose en la mortalidad generada por los anticonceptivos, han impuesto su moral religiosa resistiéndose a recetarla. Y farmacias que, al menos hasta hace unos años, se negaban a dispensarla.
Ya hace tiempo que se publicó una investigación que rechazaba cualquier relación entre el aumento de peso y la píldora. Ahora, la revista British Medical Journal acaba de dar a conocer el resultado de un estudio realizado desde 1968 sobre casi 50.000 mujeres. El seguimiento ha puesto de relieve que en las usuarias de la píldora no se han producido daños irreversibles de salud, e incluso demuestra que la mortalidad es en ese grupo inferior al de las mujeres que no la utilizaron. A ver si se desmonta de una vez por todas la mística católica contra esas pastillitas de la libertad. ¡Aunque sea 50 años después de su existencia!