Desde lejos

Sin hogar

Aunque muchos no nos demos por aludidos, este es el Año Europeo de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social. Un grupo de ONG me hace llegar su decálogo para erradicar la situación de los sin techo. Los datos que aportan son tremendos: unas 40.000
personas viven en España en la calle o en albergues, y un millón y medio residen en infraviviendas. Y el número no hace más que crecer desde el comienzo de la crisis.

A menudo tendemos a pensar que esas gentes acaban así porque son unos inadaptados, o unos borrachos, o drogadictos. Pero los estudios desmienten los prejuicios: la inmensa mayoría de los sin techo han vivido una serie
inasumible de dramas encadenados, muertes de familiares, divorcios, paro, desahucios... Entre ellos hay un 13% de universitarios, un 30% de abstemios, un 12% de personas con trabajos precarios. Y, en contra de nuestras ideas más extendidas, sólo un 15% que se dediquen a mendigar.
¿Podemos estar cada uno de nosotros, los integrados que leemos el periódico, seguros de que la vida no sería capaz de empujarnos en algún momento a ese rincón oscuro? Aunque sólo sea por egoísmo, cuando no por empatía, una sociedad decente no debería permitirse esa terrible realidad. Pero la mayoría preferimos mirar hacia otro lado, ignorando la existencia de ese agujero negro justo delante de nuestras narices. Nos compadecemos de los pobres africanos o haitianos, pero queremos creer que la miseria radica lejos de nosotros. Y, sin embargo, está ahí, y solucionar el problema no sería tan difícil: presión social y voluntad política. O sea, dinero. Como casi siempre.