Desde lejos

Presuntamente

No sé si el juez Garzón es tan "bueno" como muchos afirman en estos momentos. Lo cierto es que en numerosos ambientes jurídicos, incluso de izquierdas, goza de mala fama por su manera de instruir y su excesivo protagonismo. Y que la forma como manejó el asunto del GAL tras abandonar el Gobierno de Felipe González (¿y, por cierto, quién le manda a un juez entrar en un Gobierno?) dejó numerosos damnificados en el bando socialista. También es cierto que, de probarse que archivó una querella contra el Banco de Santander previa financiación de un curso, la cosa podría ser grave. Y algunos –no todos de derechas– afirman que el caso de las escuchas a los abogados del Gürtel lo es aún más.

Eso me cuentan al menos ciertas personas informadas. Y me tengo que callar, porque ignoro si tienen razón. Pero es difícil mantenerse en silencio respecto al proceso que instruye contra él el magistrado Luciano Varela (de tendencias progresistas, hay que recordarlo). Indigna pensar que la justicia pueda dar la razón a dos grupos que son herederos ideológicos de quienes se levantaron en armas contra un Gobierno constitucional, de quienes fueron responsables de una Guerra Civil y una represión que se cobró decenas de miles de víctimas.
Las leyes son como son, me dicen mis amigos juristas, y los jueces se limitan a aplicarlas. Eso es lo que, según ellos, está haciendo Varela. Y yo les respondo que sí, pero que también las interpretan (a veces de manera bien absurda). Y, por lo que se ve, las interpretaciones sobre todo lo que se refiera al franquismo siguen dejando mucho que desear, aunque el juez de turno sea de izquierdas. Presuntamente.