Desde lejos

El velo

A pesar de mi compromiso de echarle un vistazo al mundo cada jueves desde esta sección, confieso que no tengo opiniones firmes sobre todo lo que sucede. Algunos asuntos me suscitan infinidad de dudas para las que no siempre acabo encontrando respuestas. El tema de la prohibición o no del velo islámico en las escuelas es uno de ellos.

Obviamente, estoy en contra del uso del hiyab, y no digamos de sus formas más extremas, el niqab, el chador o el terrible burka. Me indigna que las mujeres se vean obligadas a esconderse para evitar ser objeto de deseo. Y me da lástima comprobar que muchas de ellas se someten a esa negación de su propio ser voluntariamente (si es que no están movidas por la presión y el miedo). Mucho más preocupante me parece aún en el caso de las adolescentes.
Francia resolvió el problema hace años prohibiendo cualquier símbolo religioso en las escuelas, desde el velo hasta la medallita de la Virgen. Ahora bien, el Estado francés es estrictamente laico desde finales del siglo XVIII, y su sistema educativo se atiene a ese principio republicano. Allí nunca se ha visto un crucifijo colgando de la pared de un aula, nunca se ha rezado antes de las clases, ni siquiera se concibe esa rareza que son los colegios religiosos concertados: los escasos centros confesionales son privados o subvencionados por sus propias iglesias. Evidentemente, aquí no podemos presumir de lo mismo. En una sociedad donde las tradiciones y los signos católicos imperan por doquier, incluidas multitud de escuelas, ¿estamos legitimados para prohibirle a alguien que exhiba los suyos? Dejo la pregunta en el aire.