Opinión · Desenredando

Todos los tonos de la rabia

Todos los días pasan a mi alrededor cosas que hacen que, en mayor o menor grado, sienta rabia. ¿A ti también te pasa, chiqui? Sí, la rabia es una sensación que no nos es ajena. Así que hoy quiero hablar, y desenredar algunas cuestiones relacionadas con la rabia. Sin embargo no vengo a hablarte de cualquier rabia. Quiero hablar hoy de la rabia que se censura y se impide. Y, en esta ocasión, cuento con la colaboración de tres personas que han explorado la rabia de la que quiero hablar y la han materializado en forma de proyecto artístico.

Hoy vengo a hablarte del proyecto artístico Todos los tonos de la rabia y de sus curadores, Francisco Godoy y Carolina Bustamante. Y te hablaré de Yos Piña que, afortunadamente para mí, también está en el ajo y ha sido quien ha hecho posible este artículo que estás leyendo ahora. Así que vamos allá.

Carolina se define como mamá de Lope y Miranda, mamá migrante, sudaca, en búsqueda de herramientas para descolonizar su mente y la de sus hijxs. Hizo un Máster en Historia del Arte Contemporáneo y, para sobrevivir en el Reino de España, se dedica a la gestión cultural, a la producción de exposiciones e ideación de proyectos culturales enfocados en la infancia. Cuenta que su llegada España y el hecho de vivir bajo la ley de extranjería supuso un choque que la obligó a confrontar su historia y abrir un proceso de reflexión crítica sobre el sistema racista colonial en el que aún tiene mucho que andar. Actualmente se preocupa mucho educar a sus hijxs en otras lógicas no extractivas, violentas y discriminatorias como la que enseña occidente. Cuando el mundo y la piel le duelen se une con Francisco para sacar la rabia y el dolor por medio del ejercicio de la curaduría.   

Me llamo Pancho y soy panchito. Así nos llaman despectivamente lxs españoles, de quienes somos indiodescendientes, dice Francisco Godoy. Además de trabajar en lo que se entiende como una curaduría afectiva y afectada con proyectos como este, o Crítica de la razón migrante hace cuatro años, se autodefine como un “doctor marica en Historia del Arte”. Ha sido profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, donde trabajó ampliamente el antirracismo desde la cultura visual. Y lo mismo ahora, que da clases online en la Universidad Internacional de La Rioja sobre feminismos y subalternidades, y con el Programa orientado a prácticas subalternas (P.O.P.S.) que coordina como colectivo Ayllu en el MataderoMadrid. Desde que llegó a Madrid hace doce años se ha interesado en investigar sobre el colonialismo español y su pervivencia en el presente.

Por su parte, Yos Piña se autodefine como afrodescendiente, migrante trans-fronteriza, artista, activista antirracista. Participa en esta muestra con varixs artistas, afectos políticos. Elaboró unas piezas que buscan cuestionar la figura  construida a partir de héroes nacionales en Abya Yala y el Caribe, que reproducen la imagen del hombre blanco cis-hetero europeo monumentalizado. Dice que hace algunos torpes trazos que intentan mostrar cómo en nuestro proceso de socialización coloreamos una historia narrada por la supremacia blanca. Al mismo tiempo lleva a cabo una tarea maravillosa redibujando la historia en materiales pedagógicos y ahí narra una interpretación desde la opacidad, desde cuerpxs y miradas no heterosexules y no blanca-europea.

Todos los tonos de la rabia. ¿De dónde, cómo y por qué surge la idea?

Me explican que  Todos los tonos de la rabia es una respuesta al maltrato producido por occidente, por el consciente e inconsciente colonial, en sus diferentes formas de exclusión, violencia y muerte hacia los cuerpos del Sur Global. La exposición reúne y activa prácticas artísticas, poéticas y políticas que realizan una crítica radical a la dimensión histórica y contemporánea del racismo.

El proyecto surge hace poco más de una año en un momento de hastío existencial. Querían, de alguna manera, dar continuidad a un proceso previo que habían abierto cuando juntas curaron la exposición Crítica de la razón migrante, que se presentó en 2014 en La Casa Encendida y luego tuvo la oportunidad de viajar por alguno centros culturales de España en Abya Yala. En ese momento ya plantearon un cuestionamiento crítico a la cuestión de la migración y una reflexión de la historia colonial que la atraviesa. Una vez clausurada, se mantuvo latente la necesidad de profundizar el análisis sobre la manera en que occidente ha configurado un macabro sistema de violencias múltiples sobre los cuerpos no blancos. Además, reconocían que en estos últimos años se había dado un giro radical desde el pensamiento antirracista político que daba un giro a las formas de entender las propias experiencias como migrantes.

Pancho y Carolina explican que un día, en medio de ciertas crisis personales y de dolor por ver lo que les rodea y lo que rodea a las hermanas migrantes, se volvieron a sentar para darle forma a esta nueva exposición. Esta vez quisimos dar una respuesta articulada desde la rabia que sentimos a diario, y encontramos en el lenguaje y la poesía una forma de resistencia que nos permitía tejer una red de prácticas propuestas por compañeras y amigas que desde el activismo antirracista y el arte vienen alzando su voz frente al sistema hetero-blanco-colonial”.

Obras y artistas

La exposición cuenta con un total de veintidós obras de veinte artistas, todas personas racializadas, negras, migrantes. Se presentan ciertos trabajos “históricos” que funcionan como referentes: desde la canción de la afroperuana Victoria Santa Cruz Me gritaron negra (grabada en 1972) pasando por los poemas de los años ochenta de Gloria Anzaldúa y Guillermo Gómez-Peña, para acabar con el video The couple in the cage: a guatinaui odyssey de Paula Heredia / Coco Fusco y otro, Sueño en el cuarto rojo, realizado por la socióloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui en 1992, nunca expuesto hasta ahora.

Imagen de la exposición Todos los tonos de la rabia.
Imagen de la exposición cedida por Carolina Bustamante

Junto a ellas, conviven diferentes trabajos realizados en los últimos 10 años por artistas comprometidas con el antirracismo, y muchas de ellas, en un cruce con los feminismos decoloniales: Lucía Egaña Rojas, Yeison F. García Lopez, Sandra Gamarra,  Nadia Granados/La Fulminante, Rubén H. Bermúdez, Ira Sudaka, Johan Mijail, Angelo Moșuțan-Zsurkis, Jota Mombaça, Mujeres Creando, Daniela Ortiz, Yos Piña, Linda Porn, Fannie Sosa, Terrorismo teatral migrante, Ingrid Wildi Merino, Will Yacome y Rafeef Ziadah, esta última de quien toma el título la exposición.

La exposición, que se encuentra en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y Leónse puede visitar hasta el 13 de enero de 2019. De momento no hay previsión de exponerla en otros espacios, aunque tanto Carolina como Pancho creen que es necesario detonar este debate en todos los sitios posibles. Sin embargo son conscientes de lo difícil que es encontrar espacios que asuman la producción de un proyecto semejante en cuanto crítica radical a la blanquitud como ideología colonizadora y racista.Pocas instituciones blancas se atreven a hacer este ejercicio de autocrítica. Sea como sea, no dejaremos de hacer el esfuerzo de buscar otros escenarios, tal vez fuera del reino de España”, aseguran.

Para quién es Todos los tonos de la rabia

Cuando pregunto cuál es el público de la exposición, la respuesta es que “está dedicada a nuestras amigas y hermanas racializadas, negras, migrantes; a nuestras ancestras y a quienes han confrontado con su cuerpo al racismo estructural de occidente. A su rabia y al reconocimiento de una historia compartida de maltrato y exclusión, pero también resistencias. Se trata de hilar relatos de diferentes formas de denunciar y resistir al racismo, en los que podamos vernos reflejadas”

Aun así, son conscientes de que “el museo es una institución blanca y que el público real que tendrá la muestra serán españoles blancos”. Es por este motivo que la expo está construida también como una pedagogía para la Europa blanca en el reconocimiento de su colonidescendencia y como acto de confrontación del mismo.

Reflexiones sobre la rabia

Les expongo a Carolina, Pancho y Yos que, al pensar en tonos de la rabia, pienso en colores e intensidades. Cuando les pregunto si lo han tenido en cuenta, Yos responde afirmativamente: “la intensidad de la rabia que siento es producto del peso de las opresiones que lleva tu cuerpx y la piel, la morfología de tu cuerpx. La dermis es la primera parte del cuerpo que recibe la violencia. Indiscutiblemente el tono, o el color de nuestras pieles es proporcional al dolor que llevas contigo encima, al dolor heredado de tus ancestras y otras cargas heredadas y adquiridas que conviven simultáneamente: piel, color, rasgos, edad, capacidades, situación legal en el territorio habitado”.

Adoro hablar con Yos porque siempre trae a la luz la espiritualidad de la identidad afrodescendiente, y eso me gusta porque es un punto de vista que siento que siempre se queda de lado. Yos sigue hablando sobre colores e intensidades de la rabia: este mundo negrofóbico, marronfóbico, antinegro, antimarronidad, se sostiene por la violencia hacia la no existencia de nuestros cuerpxs y esto es proporcional muchas veces a nuestro tono de piel. La garantía de vida en este mundo racista muchas veces se basa en la justicia Pantone: a mayor claridad de mi piel, mayor confortabilidad y posibilidades de vida. A esto se suman las múltiples opresiones/privilegios que conviven en nuestrxs cuerpxs.  Yo hablo como afrodescendiente desde mi piel marrónica, desde estx cuerpx en transición, desde esta piel con heridas de la diáspora. Y la piel, en tanto que tejido, incorpora otros hilos que conforman tu cuerpx, un cuerpo hilvana otros elementos: sexuales, eróticos, historia, ancestralidad, espiritualidad. Y siento que la exposición Todos los tonos de la rabia transita en ese terreno invitando a distintos artistas no blancxs para que muestren su trabajo”.

Hay cuerpos a los que se les niega el espacio para sentir rabia, y se intenta silenciar esa rabia muy violentamente.  

El título del proyecto fue tomado del poema All shades of anger de la poeta palestina-libanesa Rafeef Ziadah. En el estribillo del poema, Rafeef dice “Soy una mujer árabe de color y nosotras venimos en todos los tonos de la rabia”. Caro explica que nos gustaba el juego de palabras porque, por un lado, nos remitía evidentemente a los tonos de la piel. Todas esas diversas intensidades del color que te alejan del blanco, que te sitúan como parte del sur global. Nos permitía por tanto proponer de entrada el sujeto de enunciación de la exposición: quienes hablamos en la muestra somos las negras, marrones, las que hablamos raro, los cuerpos no normados, todxs aquellxs que encarnan la rabia colonial que atraviesa su vida; aquellxs que están sujetos diariamente a las estructuras racistas que occidente impone. Por otro lado, lo tonos nos sugerían la idea de la voz y con ello la palabra o el lenguaje como forma de resistencia. En este sentido las intensidades aquí son las diferentes formas de articular esa voz y esa rabia para responder al racismo.

Pancho concluye diciendo claramente, al remitir a los tonos de la piel estamos asumiendo que el racismo se ha estructurado en base al colorismo que bien reflejaron en el siglo XVIII las pinturas de castas con las cuales se daba a conocer al rey de españa las mezclas que se iban ‘dando’ en sus colonias entre blancos, negros e indios (la ‘violación originaria’, como diría nuestra amiga Yuderkys Espinosa), y toda la jerarquía de diecisiete ‘razas’ que ahí el colono iba construyendo como forma de control de la población esclavizada y explotada. Esos tonos de la piel, entonces, se traducen en tonos de enunciación bastardos, errados, construidos desde la sumisión impuesta en la lengua colonial. Esas lenguas se proponen aquí como una revuelta”.

Les hago el planteamiento que te comentaba al principio. Les hablo de mi sensación de que la rabia no está permitida a todas las personas. Que hay cuerpos a los que se les niega el espacio para sentir rabia, y se intenta silenciar esa rabia muy violentamente.  Les pregunto si es la rabia un privilegio y, si lo es, de quién.

Yos responde: históricamente nuestros cuerpos fueron construidos por los blancos  como cuerpos salvajes, y rabiosos. El proceso de colonización implicó la creación de tecnologías de control y domesticación de nuestros cuerpos, nuestras sexualidades y emociones: bozales de hierro, grilletes y formas de torturas con dispositivos  específicos para ‘domesticar’ nuestros cuerpos-espiritualidades-emocionalidades. Nuestra rabia es histórica, y el proyecto civilizatorio implica civilizar nuestros tonos, nuestra furia.

Imagen de la exposición cedida por Carolina Bustamante.

Sigue Yos explicando algo que me parece muy interesante: la construcción de estereotipos del enfado. “Black angry woman forma parte de la creación de imaginarios misóginos y racistas sobre los cuerpos negros, afrodescendientes. La idea binaria de civilización-barbarie se reactiva constantemente en el plano de la racialización de las emociones. Lxs blancxs son educadxs, practican la diplomacia; nosotrxs peleamos, gritamos. Esto tiene que ver con el disciplinamiento del cuerpo y la relación entre cuerpo blanco civilizado, cuerpo negro salvaje. Las mujeres blancas son sutiles, estilizadas y bailan vals y ballet; nosotras somos grotescas y  perreamos (no estoy diciendo que no existan personas negras-afrodescendientes que bailen ballet, sino que hablo de cómo operan los estereotipos raciales en torno a nuestros cuerpxs y las prácticas que realizamos)”.

Yos concluye con una explicación que me recuerda una escena narrada por Ta-Nehisi Coates en su libro Entre el mundo y yo en la que explica un incidente en un teatro. Una mujer blanca empuja al hijo de Coates, que tenía seis años, y Coates decide no confrontar. Nuestra furia históricamente se ha intentado controlar. Fuimos construidos como cuerpos peligrosos. Nuestra rabia desbordada generalmente implica reproducir los estereotipos raciales construidos por ellos y nos ponen en riesgo. La expresión de la rabia es un privilegio blanco. Los blancos bombardean países, construyen cárceles y dictan formas de torturas, leyes segregacionistas para personas no blancas… pero esa violencia es legítima y se hace ley”.

Pancho coincide con Yos: “La rabia es algo intrínseco a la construcción de los cuerpos no blancos por parte de los colonos. Pienso en las revueltas de Bartolina Sisa, Tupac Katari y Tupac Amaru; en los ‘malones’ donde los mapuches raptaban blancas como respuesta a las campañas conquistadoras; o las representaciones de venganza de los indios a los conquistadores (Theodor de Bry lo ilustraba muy claramente en un grabado del siglo XVII donde los indios, mientras vertían oro en la boca de un conquistador, le decían ‘come oro, come oro, insaciable cristiano’)”. 

Pancho explica también que “la rabia nos habita en ello que Suely Rolnik llama ‘el inconsciente colonial que vibra en nuestros cuerpos’. Es decir, en la larga memoria de violencia colonial, que es una herida abierta e infectada. Ese inconsciente colonial, sin embargo, por las actuales políticas racistas de la ideología blanca-occidental, muchas veces es reprimido por la necesidad de supervivencia: agachar la cabeza para no morir. En este sentido, la expresión de la rabia es un privilegio blanco que ellxs pueden exponer hacia nosotrxs de forma normalizada, mientras nuestra rabia es invalidada. Por eso la exposición se propuso como un ejercicio de exponer esa rabia, de abrir esas heridas, de alzar unas voces que permanentemente son puestas en el lugar de lo salvaje”.

En cuanto a las intensidades de la rabia, que también siento que están sometidas a control y vigilancia, me interesa que me cuenten cómo podemos vehicular y expresar la intensidad de la rabia desde nuestros cuerpos no normativos, ya sea por racialización, diversidades funcionales varias o disidencias sexuales, a lo que Yos responde diciendo “yo siento que abandonar la rabia es domesticar nuestras emociones al proyecto civilizatorio blanco-cis-heterosexual que quiere esterilizar las emociones y la rabia que expresan nuestros cuerpos. Este proyecto blanco cishetero supremacista y machista, y todo su aparataje médico-psiquiátrico, ha construido la histeria como patología y la ha focalizado en determinados cuerpos: los nuestros. Yo abrazo mi rabia, mi histeria, que es una forma de expresar la impotencia ante este mundo que nos dispara diariamente a cuerpxs negrxs, diaspóricos y no heterosexuales. Esta rabia también nos mueve a organizarnos y a crear contradiscursos rabiosos y formas poéticas histéricas, desobedientes para seguir viviendo.

Pancho, por su parte, considera que la exposición, que refleja un momento actual del antirracismo político en España, plantea una posible cartografía de esas intensidades de la rabia: dentro de nuestras diferencias, no habla igual un artista nacido en Europa, que uno que no. No habla igual un cuerpo heterosexual que uno que no. No habla igual un cuerpo indiodescendiente que uno afrodescendiente. Esas tonalidades creo, en el momento actual, encuentran una salida en la sanación poética que se articula con la reivindicación política de demandas por reparación. La búsqueda de la reparación, poética y política, es un camino para movilizar nuestras rabias, hacerlas vibrar, removerse, para que desde ellas nos reencontremos con nuestras ancestras, con la pachamama, con las cosmovisiones que el proyecto blanco-occidental nos ha querido borrar pero sobreviven y vibran, con ira, en nuestros cuerpos”.

Concluyendo

Soy consciente de que este artículo es más extenso de lo habitual, chiqui; espero, aún así, que te haya resultado tan interesante leerlo como para mí lo ha sido ofrecértelo. Me encanta hablar con personas expertas que ofrecen un contexto histórico y una argumentación a muchas de las sensaciones que me pasan por el cuerpo. Porque siento que eso legitima mis vivencias, y yo necesito esa legitimidad y esa comprensión que procede de otros cuerpos parecidos al mío.

He aprendido mucho de esta conversación con Carolina, Pancho y Yos, y les estoy infinitamente agradecida. Me quedo reflexionando sobre el privilegio de la rabia y sobre las formas en las que yo puedo y quiero expresarla. Porque es necesaria para seguir viviendo.