Opinion · Desenredando

La paradoja del doce de octubre

Se acerca el 12 de octubre, y me ha parecido que la proximidad de la fecha es idónea para desenredar algunas cuestiones relacionadas con la fiesta conocida como de la Hispanidad. ¿Que por qué? Pues tal vez porque me gusta meterme en camisa de once varas. O tal vez solo porque está bien tener presente la cara B del disco, la otra versión de la historia. Porque, recordando -siempre- a Chimamanda Ngozi Adichie, se me hace necesario combatir el peligro de la historia única.

El 12 de octubre es el día de la Virgen del Pilar. También es la fiesta nacional de España, y es así oficialmente desde 1987.  También es el día que se ha establecido como el día del descubrimiento de América; en algunos países de Abya Yala (nombre dado por las personas indígenas al continente) se celebra también, pero se llama el día de la raza. También es el día en el que, en 1968, se proclamó la independencia de Guinea Ecuatorial, la tierra de la que provienen mi familia y mis ancestros. Creía que el doce de octubre también se celebraría algún día mundial de, pero no he encontrado información al respecto.

Mientras un número de personas celebran el día nacional de España, otras celebran la descolonización de sus territorios, de sus mentes, de sus cuerpos.

La cosa es que mientras en España se celebra el día nacional, cada vez más personas de territorios de Abya Yala y de otros territorios colonizados en su día por la corona española, consideran que no hay nada que celebrar; y menos todavía el descubrimiento de América. Recordemos que América, Abya Yala, ya estaba allí. Recordemos que, mientras nuestros libros de historia nos venden las bondades de la conquista de los territorios, esa colonización también significó expolio, violencia y muerte.

Recordemos también que, mientras en España se celebra la fiesta, Guinea Ecuatorial, ese país colonizado desde 1778 y que cada vez menos personas recuerdan como provincia española, conmemora su independencia, la fecha en la que dejaba de ser la Provincia Española del Golfo de Guinea, finalizando su pertenencia al territorio español.

 

Por eso hablo de la paradoja del doce de octubre. Porque mientras un número de personas celebran el día nacional de España, conscientes o no de todas las implicaciones históricas relacionadas con la colonización y la historia de violencia de un imperio, otras personas (no blancas en su mayoría) deciden no celebrarlo… o celebran la descolonización de sus territorios, de sus mentes, de sus cuerpos.

Puede que ahora alguien me diga, como pasa casi siempre en estas fechas, que uno ya no puede sentirse orgulloso de ser español. Bueno, no sé si uno puede sentirse orgulloso o no de ser o pertenecer. Yo es que soy pueblista y suelo perderme mucho en estructuras de identificación o pertenencia que van más allá del pueblito en el que vivo. Y, total, como gran parte de mi vida he tenido que andar justificando mi españolidad o mi catalanidad porque, por el color de mi piel, siempre se me ha leído como de fuera, imagino que ese desarraigo impuesto me impide sentir orgullo de ser española o catalana, y me ciño al ámbito en el que menos se me ha negado: mi pueblito lindo.

Finalizado el inciso, retomo: yo no voy a decir si alguien debe/puede sentir o no orgullo de pertenecer a España. Lo que sí me gustaría es que no jugásemos al “ojos que no ven corazón que no siente”, porque eso implica no querer ver una parte de la historia que conviene, por responsabilidad, no seguir negando.