Opinion · Desenredando

No es cuestión de autoestima

Más de una y dos veces, cuando hablo de los comentarios que las mujeres negras recibimos relacionados con nuestra piel y nuestro cabello, aparece una persona blanca y me dice algo del estilo de “Tú lo que tienes que hacer es sentirte orgullosa de cómo eres. Déjales que digan lo que quieran”.

Hace algún tiempo, creo que va para dos años o tal vez algo más, en una actividad organizada por el colectivo Black Barcelona sobre cómo criar a niños y niñas afrodescendientes, pasó algo similar. Después de las exposiciones, después de que distintas personas en el público hablásemos de cómo proveer de herramientas a nuestra descendencia para enfrentar el racismo que (sí, en serio) todavía existe, pide la palabra una persona blanca y nos dice lo que tenemos que hacer. Y lo que tenemos que hacer se convirtió en un mensaje bastante paternalista que ponía el foco en nuestra autoestima como comunidad: “Lo que tenéis que hacer es trabajar vuestra autoestima”.

Superar el racismo de la sociedad no es cuestión de autoestima de quienes lo viven.

Viendo que esto de que aumentar la autoestima es un consejo que las personas suelen dar a menudo, hoy necesito desenredar un poco la madeja y explicarte mi punto de vista sobre esto del refuerzo de la autoestima de las personas africanas y afrodescendientes como estrategia para sobreposición y resistencia al racismo. 

La cosa es un poco como sigue: ¿Estamos hablando de conductas y comentarios racistas que hacen terceras personas y lo que me dices que tengo que hacer es trabajar mi autoestima? Pues lo siento (no, no lo siento), pero tengo que decirte que no. Que no es cuestión de autoestima. 

No es cuestión de autoestima y deja que te diga por qué para mí no lo es. Venga: pongamos que te hago caso y hago lo que tú me dices que tengo que hacer, y me meto en el Gimnasio de la Autoestima a trabajarla bien duro. Y tengo que trabajarla bien duro porque adquirir una mayor autoestima es un trabajo a largo plazo. Además, hasta donde yo sé, no se comercializan píldoras de efecto inmediato que me den un chute de autoestima. Así que, venga: hago lo que tú me dices que tengo que hacer y estoy trabajando mi autoestima.

Determinar que la erradicación de una opresión es responsabilidad única y exclusivamente de quienes la viven es injusto.

A mí se me ocurre una pregunta y es la siguiente: ¿crees que mi autoestima trabajada va a hacer que otras personas dejen de hacer(me) comentarios racistas? ¿Crees de verdad que es así como funciona? ¿Cómo va a pasar? ¿Y mientras estoy trabajando mi autoestima, que ya hemos dicho que es un trabajo que lleva tiempo, qué hago para que los comentarios y actitudes racistas paren?

Tener una autoestima elevada, como mucho, me va a ayudar a responder ante la agresión racista. O quizás no. Porque yo tengo una autoestima elevada, sí; pero hay días que oigo el comentario racista del día, o me mandan el meme o el GIF racista de moda y, aunque tenga la autoestima elevada, no me apetece responder. Así que te pregunto de nuevo: ¿crees de verdad que es la alta autoestima de las personas negras la que tiene que acabar con el racismo?

Además, aquí está pasando otra cosa: ¿son las personas las que reciben las agresiones las que tienen que actuar? Esto lo vemos a todas horas con el feminismo, ¿no? Se nos ordena a las mujeres que cerremos bien las piernas o que vistamos de formas concretas si no queremos ser agredidas, cuando el mensaje tienen que ser para los hombres violadores. Así que se recurre al “mujer, tápate” en vez de al “hombre, no violes”. Traslademos esto al feminismo: si a un hombre se le ocurriera decirle a una mujer que lo que tiene que hacer para sobreponerse al machismo de la sociedad es tener la autoestima alta, se liaría un embrollo de proporciones épicas. Pero como nos lo dicen a las personas racializadas no pasa nada. 

Volvamos al racismo. Con el “tú lo que tienes que hacer es tener la autoestima alta”, insisto, estás poniendo toda la carga y toda la responsabilidad en la persona negra (o latina, gitana, árabe, asiática). Y, ¿de verdad crees que la responsabilidad de dejar de recibir agresiones reside en quien sufre las agresiones? Porque, vale, de acuerdo, yo voy a trabajar mi autoestima, ¿pero qué vas a hacer tú? Determinar que la erradicación de una opresión es responsabilidad única y exclusivamente de quienes la viven es injusto. Y perverso. Es invisibilizar las discriminaciones que sufren determinadas personas, es negar la violencia que se ejerce sobre un colectivo. Y negar esa violencia es… (adivina) ¡violento! Es una de esas técnicas violentas que se ponen en marcha desde la fragilidad blanca cuando se habla sobre racismo y la cosa se pone incómoda.

Porque déjame que te lo recuerde: el racismo es una estructura más de esas (como el sexismo o el clasismo) sobre las que se ha construido la sociedad en la que vivimos hoy. La maquinaria racista se puso en marcha en el momento en el que Europa decidió salir en sus barcos a descubrir y evangelizar. Y desde entonces no ha parado. Se ha desarrollado, se ha sofisticado y sigue impregnándolo todo: la educación, la cultura, la política, el lenguaje… te hablo de racismo institucional, chiqui; pero tú sentencias que, para sobrevivir a todo esto, lo que yo tengo que hacer es aumentar mi autoestima, ¿no? Quienes tenemos que hacer el esfuerzo somos las personas racializadas. Aumentando nuestra autoestima desaparecerá esta estructura racista que nos imposibilita en tantos aspectos, ¿no? Pensemos un poquito más en esto, chiqui. Porque tal vez, si le damos algunas vueltas más, convenimos que, efectivamente, la autoestima (mi autoestima, la autoestima de todo un colectivo), no tiene mucho que ver con el racismo que se ejerce desde fuera.