Opinion · Desenredando

Soy pro-negra, no anti-blanca

Muchas veces a mí o a otras personas negras que defienden su identidad afro y denuncian el racismo con el que vivimos en nuestro entorno se nos acusa de #racistasperoalrevés, de ejercer el racismo inverso (que, te lo voy a repetir, no existe). Bien, en el artículo de hoy me gustaría desenredar la cuestión de por qué ser pro-negra no es lo mismo que ser antiblanca.

En ocasiones tengo la sensación de que cuando me reivindico como persona negra y muestro resistencia y lucha contra el racismo existente, aparece alguna persona blanca con la necesidad de expresar sus sentimientos encontrados, antagónicos o negativos acerca de las formas en las que expreso esas reclamaciones antirracistas.

Tiendo a sentir que existe un miedo, desde la blanquitud -entendida como una forma social y política de habitar el mundo- a las reivindicaciones de las personas negras. Y que esas reivindicaciones se perciben como amenazas, en vez de como lo que son: la lucha por la justicia y la consecución de libertades y derechos.

Fuente: theodisseyonline.com

Suelo pensar que ese miedo se asienta en la pérdida de privilegios que implica aceptar que las personas negras vivimos situaciones injustas por el color de nuestra piel o por nuestro origen. Y eso da mucho miedo.

Esa pérdida de privilegios se percibe como algo aterrador para mucha gente blanca que no entiende (o que se niega a entender) que la lucha antirracista, en realidad, clama por la justicia y la reparación de derechos y libertades negadas históricamente a las personas negras. Estas personas blancas entienden que dar a las personas negras un trato igualitario, así como acceso a recursos, medios e instituciones que todavía se nos niegan, implicaría una pérdida importante de sus privilegios.

Odiar a la gente blanca no es la solución a la opresión que vivo por ser una mujer negra

Ante la expresión y la afirmación de mi orgullo identitario, de mi amor por mi negritud, de mi afán por conseguir una sociedad mejor y más justa a través del activismo antirracista, muchas personas blancas sienten esa presión que les quema en la garganta de decir que soy más racista [que las personas blancas] o que soy una radical. Y en esa amenaza percibida y en esa necesidad de verbalizar ese miedo, se me dice que odio a las personas blancas.

De nuevo, y por hacer ese paralelismo que os ayuda tanto, sobre todo a las mujeres, pasa lo mismo cuando los hombres llaman hembristas a las mujeres feministas, y las acusan de odiar a los hombres. Resulta familiar, ¿cierto? Hoy en día [casi] cualquiera sabe que ser feminista no implica odiar a los hombres, sino luchar por una sociedad más justa, libre de sexismo y con plenos derechos para las mujeres. Si esto se entiende, también debería entenderse que ser pro-negra (esto es, estar a favor de la justicia para las personas negras) no es lo mismo que ser antiblanca.

Permíteme que insista: el hecho de que yo me considere pro-negra no implica que sea anti-blanca. Mi conciencia como mujer negra está muy pocas veces relacionada con las personas blancas; es algo independiente. Como mucho, hablo de mi negritud en relación con personas blancas cuando he vivido un episodio racista y necesito desahogarme entre personas negras allegadas, entre quienes sé que voy a encontrar comprensión y cuidados. Y aún en esos casos, la emoción que subyace al hecho de compartir otra experiencia racista más, es lo herida que me siento al vivir en una sociedad que, cada tanto, me recuerda que no aprecia a las personas que son como yo. Además, como odiar a la gente blanca no es la solución a la opresión que vivo por ser negra, tampoco me sirve de mucho ser anti-blanca.

Por otra parte, cuando sentencias que ser pro-negra es lo mismo que ser antiblanca, estás asumiendo que la cosa va directamente contigo en particular como persona blanca, y no con la blanquitud, como un sistema complejo construido para otorgar unos privilegios determinados. Esto a su vez demuestra cómo, siendo una persona blanca, sientes que debes ocupar el centro en una conversación que no está enfocada en ti, ni es un ataque personal contra ti, sino contra un sistema.

Si hay algo que odio es el sistema racista y supremacista blanco que se construyó hace siglos y que produce constantemente unas desventajas hacia mí misma y hacia toda una comunidad en todos los niveles, desde el institucional al interpersonal. Pero, si aún así, sientes que odiar un sistema de opresión es lo mismo que odiar a todo un grupo de personas, creo que es el momento de que te pares y pienses un poco, porque igual tienes que seguir revisando tu racismo y no mis reivindicaciones.

Por último, déjame decirte algo más. Me parece totalmente necesario considerarme pro-negra en una sociedad tan en contra de las personas negras. Porque, si entre nosotras no nos valoramos y nos fortalecemos constantemente, ¿quién lo va a hacer? ¿Tú, que me consideras racistaperoalrevés por querer el desarrollo de la comunidad afro? ¿Tú, que te exclamas porque Trump quiere construir un muro entre Estados Unidos y México, y no sabes que esas vallas, esas concertinas, ya existen en España? ¿Tú, que observas impasible cómo los vendedores ambulantes son perseguidos y agredidos brutalmente por la policía? ¿Tú, que restas importancia una y otra vez a las situaciones de racismo a las que me enfrento? ¿Tú, que consideras que todo lo que me pasa no tiene nada que ver con el racismo, porque ya no existe, sino con mi autoestima, que es muy baja?

Vivo en una sociedad en la que a diario tengo que estar demostrando (y convenciendo a una parte importante de ella) que valgo, que tengo derecho a estar aquí, que mi presencia en España está justificada. Vivo en una sociedad que sistemáticamente deshumaniza y maltrata a las personas que son como yo; así que, en estas condiciones, mostrar apoyo y cuidados (propios y colectivos) se convierte en una necesidad importante para poder resistir día tras día en un sistema en el que las agresiones llegan constantemente, en una sociedad que no me apoya ni aprecia mi valor y, muchas veces, tampoco me beneficia como persona.

Ser pro-negra es una cuestión de resistencia, de reivindicar mi humanidad y mi identidad junto a las personas que son como yo. Ser pro-negra me da la fuerza necesaria para sobreponerme a las condiciones adversas que conlleva el hecho de ser y existir en una sociedad que no está pensada para mí. Ser pro-negra, chiqui, no es ser anti-blanca. Y espero que ahora lo hayas entendido.