Opinión · Desenredando

Elecciones catalanas e inmigración

Hace cosa de quince días que en el Parlament de Catalunya se daba un acuerdo en el que todos los grupos parlamentarios se comprometían, mediante la firma de un acuerdo, a llevar a cabo “un debate responsable sobre la immigración y contra el racismo y la xenofobia. La firma se ha producido como resultado del acuerdo de todos los partidos con representación política en el Parlament de no instrumentalizar a la población migrante, ni el racismo o la xenofobia durante las próximas elecciones.

Según leí en la prensa en esos días, todos los partidos -todos- salían muy satisfechos y comprometidos con la firma de este acuerdo. Sin embargo yo lo miro todo con bastante escepticismo, siendo sincera, y en el artículo de hoy quiero desenredar algunas de las cuestiones relacionadas con mi desconfianza que, más que desconfianza, es en realidad indiferencia.

¿Las personas migrantes solo pueden estar aquí si es beneficioso para los de aquí?

Me parece bien que los partidos decidan no instrumentalizar a la población migrante o que decidan no usar el racismo y la xenofobia para hacer un uso interesado durante las elecciones. También me parece una buena estrategia para, como decía el president de la Generalitat, frenar el avance de estas dos lacras sociales. Pero a mi me surge una duda: ¿se ha frenado alguna vez ese avance realmente?

También me preocupa que, como parte del acuerdo que se llevó a cabo con la presencia de una cincuentena de entidades, se haya decidido que es necesario dar a conocer los beneficios que comportan las inmigración y la diversidad. Yo interpreto esto como la necesidad de justificar la presencia de personas migrantes en el territorio. Es decir, ¿las personas migrantes solo tienen derecho a quedarse si aportan algo? ¿Solo pueden estar aquí si es beneficioso para los de aquí? ¿O sea, que mientras sean de utilidad para la sociedad de acogida es bueno permitir que se queden?

Estas cuestiones inevitablemente reavivan, una vez más, el discurso sobre la supuesta (y mal entendida) integración, un tema que a mí, personalmente, me aburre hasta el hastío: “¡que se queden, pero que se integren!”, claman algunos. Como si vivir en el territorio, relacionarse, estudiar, trabajar, llevar a las criaturas al colegio, o hacer gestiones del día a día no implicase ya formar parte de la comunidad dentro de la que se vive. En fin, eso da para un artículo entero aparte.

Estas son las dudas que me surgen con respecto al trato de la temática de la inmigración; pero si hablamos de racismo, también me surgen varias inquietudes. Se alude a la necesidad de eliminar el racismo institucional, y me parece muy positivo que se reconozca que existe, ¿pero se van a implementar acciones específicas para ello? En un momento en el que desde Europa se ha aprobado una resolución en favor de los derechos de las personas afrodescendientes, parece una buena oportunidad para desarrollar leyes efectivas -pero efectivas de verdad- para terminar con este tipo de discriminación.

Me parece bien que no se instrumentalicen temas tan sensibles como la inmigración, el racismo y la xenofobia durante la campaña electoral, y más en un momento en el que la extrema derecha gana terreno de una forma bastante preocupante; pero hay que hablar de racismo y xenofobia, y hay que hacerlo ya. Y más que hablar, porque las palabras se las lleva el viento. Empieza a ser hora de que los partidos políticos (todos, no solo los de Catalunya) se comprometan a salvaguardar los derechos más básicos de una parte de su población (la racializada) que se ve discriminada en infinidad de ámbitos por unas políticas blancas supremacistas que merman nuestros derechos de forma constante. Espero que el hecho de que, sobre la resolución europea citada, dos de los votos en contra fueran de políticos españoles, no contagie al resto de sus compañeras y compañeros de partido y realmente se implementen medidas necesarias para una parte de la población (en la que me incluyo) que necesita una especial protección frente a la discriminación que favorece el propio sistema.