Opinion · Desenredando

La trampa del antirracismo ‘white friendly’

No sé si el concepto de antirracismo white friendly existe o no. Puede que la asociación la haya hecho yo y ya está. En cualquier caso, si el título del artículo de hoy te parece curioso, quédate porque hoy voy a intentar desenredar la cuestión de qué es esto del antirracismo white friendly.

Para empezar, tengo que contarte una historia que te va a ofrecer el contexto. Hace unos meses me disgusté bastante cuando descubrí el vídeo de una mujer negra que cuestionaba si era racismo todo lo que se denuncia como racismo. El vídeo me resultó bastante confuso, ya que en él se mezclaban y se trataban demasiados temas de forma algo superficial y confusa para mí, pero hubo bastantes cosas de las que dijo que me preocuparon, y de eso quiero hablar hoy.

fila de chicas jóvenes, blancas, cogidas de las manos, con la melena hasta media espalda, en camiseta de manga corta y vaqueros cortos, de espaldas, con los pies en el agua del mar
Foto de Julie Johnson en Unsplash.

Entre las cuestiones que comentaba en el vídeo, varias cosas llamaron mi atención. Por un lado, si bien reconocía la existencia del racismo, daba a entender que solo es racismo la agresión, y que debe denunciarse, y animaba a las personas a que, ante una agresión racista sufrida, la denunciasen a la policía. El hecho de limitar el racismo a su máxima expresión en forma de agresión invisibiliza y niega lo que digo en todos los artículos que publico: que el racismo es una estructura social, económica y política artículada por la supremacía blanca y que tiene consecuencias mucho más allá de las agresiones. Al final, la agresión, verbal o física, es tan solo la máxima expresión de un odio que se fundamenta en un sistema de estereotipos y prejuicios que pasan mucho más inadvertidos, incluso para la mujer negra que publica este vídeo, por lo visto.

Un discurso antirracista, de entrada, no va a ser aplaudido mayoritariamente por las personas blancas, porque las va a enfrentar a una incomodidad que nunca habían sentido.

Otra de las cuestiones que llamó mucho mi atención fue el hecho de que instara a las personas a no llamar “antirracismo” al movimiento que lucha contra el racismo. Ofrecía, como alternativa, el término “integracionismo”. Ese integracionismo ¿qué signifca? ¿Respalda eso que dicen muchas personas blancas, de que los inmigrantes lo que tienen que hacer es integrarse? ¿Y qué supone integrarse? Porque parece que vivir y convivir en sociedad nunca es suficiente. No. Hay que desprenderse y olvidarse de las culturas y tradiciones de origen, hay que callar y acatar las normas, a pesar de que sean racistas y discriminatorias y nieguen u obstruyan derechos básicos y, sobre todo, hay que mostrar agradecimiento al salvador blanco que nos permite estar Aquí, que nos humaniza y que nos da unas migajas con las que nos tenemos que conformar.

Las reacciones no tardaron en llegar y muchísima gente blanca aplaudió el vídeo y la felicitó. Hablamos de una persona que tiene muchos seguidores en una plataforma de vídeos y cuyo contenido llega enseguida a los centenares de miles de visualizaciones. La gente blanca estaba encantada. Un discurso supuestamente antirracista con el que podían estar de acuerdo, ya que lo que hacía era negar las reivindicaciones de otras personas negras activistas dando a entender que exageramos, que somos radicales o extremistas, al señalar conductas discriminatorias y racistas que, según esta mujer, no lo son. Flaco favor (odio la expresión, pero me veo en la necesidad de usarla), el que nos está haciendo.

Esta es la clara muestra de un discurso antirracista white friendly, que agrada a las personas blancas porque las exime de sentir culpabilidad por sostener un sistema supremacista y racista; porque pone toda la responsabilidad únicamente en las personas que viven esa discriminación, exonerando a las personas blancas, cuando está claro que, para que el racismo desaparezca, las personas que, consciente o insconcientemente, se benefician de él tienen que arremangarse para desmantelarlo. Y esas personas son las personas blancas.

Este vídeo convierte a esta mujer en la persona negra que legitima las conductas racistas de personas blancas que podrán justificar sus actitudes discriminatorias con un “yo oí a una mujer negra decir que esto no es racismo”. También sustenta los argumentos de esa gente blanca que suele creer que tener una amiga negra les libra de ser racista -y no, no les libra-. Es el pretexto que tiene un montón de gente que me llama a mí racista porque mi discurso y el de muchas personas como yo les incomoda, porque mi discurso se aleja de lo que escucharon de una mujer negra que, probablemente, me califique de radical. Lo que no saben es que todo lo que han escuchado proviene de una persona con un racismo interiorizado y pendiente de trabajar y cuyo discurso, sin que ella lo sepa, genera consecuencias negativas para ella misma y para el resto de la comunidad. 

Aquí hay una cosa que tiene que quedar clara: un discurso antirracista efectivo tiene que interpelar e incomodar a las personas blancas. Tal y como dice el equipo de No White Saviors en Instagram: “si no sientes incomodidad, no estás escuchando”. Los discursos antirracistas white friendly no son discursos antirracistas en realidad. Son discursos ofrecidos por personas negras que se han criado interiorizando el discurso supremacista blanco impuesto socialmente, porque no ha habido más alternativa durante la infancia, y se ha integrado. Y lo digo así porque yo también me he visto en estas, y porque yo también pensaba de forma similar años atrás. Son las consecuencias de crecer en occidente, en sociedades predominantemente blancas, siendo una persona negra. Se naturaliza y se integra el racismo, inconscientemente, propagando ideas, creencias acciones y comportamientos que apoyan o colaboran con el racismo. 

Un discurso antirracista, de entrada, no va a ser aplaudido mayoritariamente por las personas blancas, porque las va a enfrentar a una incomodidad que nunca habían sentido. Me escriben muchas personas que pasan por esa situación cuando empiezan a leerme a mí o a otras activistas antirracistas. Les remueve, les ofende, les enfada. Y, de entrada, es normal que sea así, hasta que se llega a otras fuentes de conocimiento y se ejerce la autocrítica. Y tiene que doler. No hay otra opción.
Y para que veas cómo es realmente el antirracismo que no debe ser nombrado, te dejo con este vídeo en el que Cristina Zy, integrante del colectivo Catàrsia Bcn, te lo explica de una forma muy clara.

Después de este artículo, recuerda: si el antirracismo al que llegas no te hace sentir incomodidad, puede que no sea antirracismo. Y si es antirracismo y no te hace sentir incomodidad, puede que, como ya hemos dicho, no estés escuchando.