Opinion · Desenredando

Antirracismo en el Km. 0

Este pasado fin de semana, durante los días 7, 8 y 9 de junio, se ha celebrado el primer Festival Antirracista en Madrid, organizado por SOS Racismo Madrid.

El festival, cuyo emplazamiento estaba previsto inicialmente en la Plaza de Ópera, se vio trasladado a la Puerta del Sol por causas ajenas a la organización del mismo. Lo que, en un principio, supuso un inconveniente por el esfuerzo extra de movilización y difusión que implicó para la organización, se convirtió en un festival de un significado sin precedentes, y en este artículo te explico por qué lo siento así.

Miriam Hatibi, Artemisa Semedo, Georgina Marcelino, Violeta Assiego, Jeanette Tineo y Pastora Filigrana. FOTO: Ricardo Quesada.

Las personas que nos dedicamos a actividades consideradas subversivas estamos acostumbradas a que se nos relegue a la periferia. Me refiero tanto al trato de nuestros intereses como a los espacios que se nos permite ocupar. Aún así, en las últimas ediciones de festivales significativos para la afrodescendencia y para otras comunidades racializadas, estamos afianzando nuestra presencia en espacios centrales. Así pasó en Barcelona, cuando a finales de mayo se celebró la cuarta edición del Black Barcelona Festival que, por segunda vez consecutiva se desarrolló en el Convent dels Àngels. Y así ha sido con el Festival Antirracista organizado por SOS Racismo Madrid. 

Todas estas actividades salen adelante gracias al gran esfuerzo que ponen en ello las personas que las organizan porque, a veces, en las relaciones con las instituciones, las cosas se hacen más difíciles de los que son. En ocasiones aparecen dificultades administrativas, protocolarias o económicas que, en el caso de asociaciones de bajo presupuesto, entorpecen el desarrollo de las actividades. Así que cuando se consigue que nuestros actos estén en el centro, lo celebramos como los logros que son, porque es importante que las cuestiones que nos conciernen ocupen espacios relevantes en las ciudades.

Nadie contaba con ello y, sin embargo, hemos puesto nuestros reclamos en el centro.

Este fin de semana en la Puerta del Sol se ha hecho historia poniendo el antirracismo en el centro. Y ha sido en  esa misma Puerta del Sol en las que suenan las campanadas que ves por la tele; en esa en la que cualquier viajero se fotografía los pies en el emblemático km. 0. Y nunca (nunca, de verdad) el antirracismo estuvo tan en el centro como este fin de semana. Y cuando hablo de la centralidad del antirracismo, lo hago tanto en sentido real como en sentido figurado.

Conversatorios sobre disidencias sexo-afectivas, lucha política, maternidades racializadas, feminismos contra-hegemónicos, conciertos y performances protagonizados por personas racializadas se han sucedido en uno de los lugares más representativos de Madrid y, sí, de España. 

Para mí el acto con más fuerza de todos, sin duda, fue el Abya Yala Ball del sábado por la tarde. Durante cinco horas pudimos disfrutar, deleitarnos y vibrar con una sesión de voguing ball maravillosa. Y que no te lleve a engaño que reivindique el voguing ball como lo mejor del festival: lo que sucedió esa tarde fue un acto político y  de reapropiación de dimensiones importantísimas en el que nuestros cuerpos, que son invisibilizados y negados por la heteronorma blanca, se convirtieron en protagonistas, recuperando su poder y reafirmando su existencia y su resistencia.

Una de las conversaciones que he repetido durante este fin de semana con varias compañeras,  ha sido el hacernos conscientes de que la visibilidad que otorgaba celebrar el festival en un lugar como la Puerta del Sol entrañaba riesgo por el nivel de exposición al que se sometía a algunas personas racializadas cuya situación administrativa no es considerada como legal por el estado español. Estar en la Puerta del Sol, con agentes de los diferentes cuerpos de (in)seguridad patrullando con frecuencia, podía suponer una situación de ansiedad y de peligro para algunas de las personas que participaban en el festival. Pero lo superamos.

Este fin de semana ha pasado algo excepcional en Madrid. Yo soy consciente desde hace muy poco, pero hemos hecho algo realmente significativo. Se han escuchado nuestras voces en el centro de la capital de España. Hemos superado el miedo a esa exposición y hemos hablado alto y claro sobre racismo en el estado español. Las personas racializadas hemos hablado por nosotras y para nosotras.

Nadie contaba con ello y, sin embargo, hemos puesto nuestros reclamos en el centro. No lo vimos venir, no estaba en los planes, no era la intención, pero este fin de semana hemos hecho historia. Nos vimos desplazadas del espacio designado, y ese desplazamiento nos movió hacia el centro. 

Hemos sido parte de un acto político y de reivindicación que ha sentado un precedente. Ha sido un acto de un simbolismo de gran importancia, sobre todo teniendo en cuenta el contexto político actual y los recientes resultados de las elecciones municipales. Hemos alzado la voz y nos hemos hecho oír. Nos hemos reapropiado de un espacio que suele ser fuente de inseguridad, lo hemos transformado y lo hemos resignificado. A partir de ahora, la Puerta del Sol me conectará con unos recuerdos nuevos y poderosos. Y fue todo sin que nadie lo pretendiera. Como dice el refrán, “no hay mal que por bien no venga”.