Opinion · Desenredando

Tres motivos para que las mujeres negras reclamemos nuestro valor

La gente blanca cree que la esclavitud terminó hace casi dos siglos. Sin embargo, las personas negras sabemos que eso no es así. Como leía en una publicación reciente de No White Saviors en Instagram, “la colonización nunca terminó. Simplemente se volvió más sofisticada”. Pues con la esclavitud, lo mismo. Simplemente se ha convertido en una opresión más pérfida y, además, socialmente aceptable. Lo que no ha cambiado en absoluto es el hecho de que en la actualidad las mujeres y feminidades negras siguen sin recibir retribución por mucho del trabajo que hacen. Que hacemos, vaya; me voy a incluir.

Foto de Alex Nemo Hanse en Unsplash.

No solo se nos paga menos en cualquier tipo de trabajo. Las mujeres negras que ejercen como artistas, consultoras y otros ámbitos creativos normalmente ven cómo grandes compañías multinacionales con mucha pasta (y dirigidas por personas blancas) roban su trabajo de forma sistemática. De hecho sé de un caso reciente en el que una diseñadora negra ha visto cómo una gran marca de ropa le ha robado el diseño de una prenda, sin ningún tipo de repercusión. Mucha gente blanca sigue esperando que las personas negras trabajemos gratis.

¿Y fuera de los espacios de trabajo?

Lo que pasa fuera de nuestros lugares de trabajo es que invertimos una cantidad desproporcionada de tiempo en un trabajo emocional que la mayoría de veces no es retribuido. Las mujeres negras, en redes sociales, nos pasamos horas  siendo pedagógicas, educando a la gente blanca acerca de las desigualdades que sufrimos las personas racializadas en diferentes ámbitos de la vida: educación, vivienda, criminalidad… ¿y qué recibimos a cambio de esta labor agotadora? Racismo, acoso, exposición o amenazas de muerte. No hablo de oídas; me pasa esto más a menudo de lo que me gustaría.

Aún así, no podemos dejarlo. Nuestra supervivencia, nuestra existencia, depende del hecho de que las personas blancas reconozcan que, aunque no lo pretendan, nos oprimen. Vivimos en un sistema blanco supremacista que legitima esta discriminación y este maltrato. Esto va más allá de las intenciones que la persona blanca tenga o no de ofendernos. Hablamos de una estructura que nos jode la vida a cada rato.

Nuestro bienestar emocional depende del hecho de posicionarnos y de recuperar espacios. Y esto, que implica luchar contra la supremacía blanca, implica un coste emocional muy alto. Este es un motivo por el que, sobre todo en mi cuenta de instagram, insisto en remarcar a las personas racializadas cuán importantes son los autocuidados. Y, dentro de los autocuidados, la salud emocional es fundamental.

Nuestra supervivencia depende del hecho de que las personas blancas reconozcan que nos oprimen.

Sufro cuando veo a compas negras -o de otras etnicidades- sintiéndose llegar al límite por el abuso y la presión a la que nos someten las personas blancas con sus interacciones violentas y racistas. Y en una comunidad en la que los sueldos habitualmente son raquíticos -cuando existen- procurarse los cuidados de una terapia es complicado. Pero más complicado es todavía cuando muchas de las personas que se dedican a las terapias no incorporan la perspectiva de raza. Así que imagínate lo que puede suponer acudir a unas sesiones de terapia psicológica y tener que ponerte pedagógica con la persona que te da la terapia, porque no alcanza a entender cuál es realmente tu problema (Inciso: el Espacio del Inmigrante, en Barcelona, ofrece atención psicológica, gratuita y presencial, a personas migrantes y racializadas).

Reclama tu valor

Muchas personas blancas en redes sociales se llenan la boca diciendo cuánto han aprendido gracias al trabajo de muchas maestras negras. Algunas lo dicen abiertamente, desde la humildad. Otras personas, con medios y plataformas sociales con mucha difusión se limitan a robar nuestros discursos y apropiarse de nuestras reivindicaciones. Se cuelgan la medallita de buena aliada antirracista, aunque no lo son, claro, y nunca jamás citan a sus fuentes: todas las mujeres negras de las que aprenden.

Así que si tú eres una de esas mujeres negras que a diario ofrece contenidos que ayudan a abrir los ojos a las personas blancas y que nos representa a las personas negras, desde aquí, te agradezco y te honro por tu labor, y por eso quiero recordarte que no puedes dar continuamente si no recibes, y por eso hoy quiero que recuerdes estos tres puntos, para que te ayuden a ser consciente de tu valor y reclamarlo.

Establece tarifas y cobra por tu labor

Si eres activista digital, bloguera… si estás comprometida en la lucha  contra la opresión y a favor de la liberación, tu experiencia y tu pericia deben ser reconocidas. Crea tu cuenta en PayPal.Me, Patreon o Ko-fi para obtener compensaciones económicas por el trabajo que llevas a cabo educando a las personas blancas en no ser racistas.

Más allá de lo que ofreces de forma gratuita en tus redes sociales, si repetidamente personas blancas te insisten a través de mensajes privados para que les resuelvas dudas particulares, establece unas tarifas para una sesión de asesoría personalizada, porque eso es lo que te están pidiendo. Tu tiempo, tus conocimientos y la energía que vas a poner en responder a esas personas merecen ser compensadas económicamente.

Procúrate autocuidados

A las mujeres negras se nos sigue exigiendo que demos a cambio de nada. Recuerda, por favor, que por más fuerte, brillante y poderosa que te sientas, no eres un super héroe de Marvel ni falta que hace. Eres humana. Prioriza tus autocuidados y tu salud mental y emocional como actos radicales de resistencia y autoestima ante una sociedad que te quiere ver silenciada, debilitada y rota.

Rodéate de mujeres como tú

Intenta descansar y alejarte de vez en cuando de espacios donde predomine la blanquitud. Es una cuestión de autopreservación. Los espacios habitados por personas blancas, por más deconstruidas que crean estar, son lugares en los que, en el momento más inesperado, puedes vivir una agresión racista. Protégete. Céntrate en rodearte de otras mujeres y feminidades negras o racializadas que puedan contenerte, que tengan experiencias similares a las tuyas. Busca esos espacios de autocuidados comunitarios y, si no existen, anímate a crearlos, aunque sea de forma virtual.

Estas son mis recomendaciones para ti, que son las que yo misma sigo para mantenerme a flote y que me ayudan a seguir adelante. Recuerda que una de las raíces de la discriminación que vives no es tu debilidad, sino tu fortaleza. Cuídate para seguir resistiendo.