Opinion · Desenredando

La polémica con el decorado racista en las festes de Gràcia

                                                                          Foto de Chris Lawton en Unsplash

Este verano, durante las fiestas del barrio de Gràcia, en Barcelona, una asociación de vecinos consideró procedente recrear una reserva india como temática decorativa para las fiestas. Esta actividad fue calificada como racista, dentro y fuera de redes sociales. Hoy quiero hablar un poco sobre esta cuestión y dar mi punto de vista al respecto. ¿Cuál es el problema? Que muchas personas no ven ningún problema, y por eso quiero explicar algunas cosas.

¿Pero qué tiene de grave recrear una reserva? Pues que no procede. Eso es lo que tiene de grave. Los pobladores originarios americanos son una comunidad que ha sido perseguida y prácticamente exterminada. Quedan pocas reservas, no se les permite hablar su idioma (sí, idioma; nada de dialecto), las películas de indios y vaqueros han trivializado y ridiculizado sus tradiciones hasta el punto que hemos llegado a creer que eso que nos mostraban las películas del lejano oeste ofrecía un retrato fiel de esas comunidades; pero no es así.
Decorar toda una zona como una reserva de pobladores nativos americanos simplemente para engalanar las calles de un barrio durante unas fiestas, descontextualizándola, borra la historia y la herencia de esa comunidad y eso es ofensivo para las personas que se identifican con esa cultura.
 
Como propuesta para intentar no meter la pata, considero que consultar a personas que pertenecen a esas comunidades antes de ejecutar nada para conocer su punto de vista sería interesante. ¿No decimos que queremos aprender y que estamos en disposición de hacerlo? Pues que se note.  Y, después de haber consultado, hay que ejercer la autocrítica. Porque si consultamos, pero la respuesta no nos gusta y seguimos adelante con lo que tenemos en mente, sin tener en cuenta el aprendizaje que se nos ha ofrecido, pues tampoco sirve de nada.
Cuando varias personas racializadas compartieron la denuncia del racismo que encerraba la decoración de la Plaça del Nord, la reacción en las respuestas me pareció preocupante por lo agresivas. Además, muchas veces esa violencia aparece entre personas que se las dan de no ser racistas (queda demostrado que no ser racista no es suficiente; hay que ser antirracista). Y, a pesar de considerarse no racistas, de repente se descubren con el «yo no soy racista, pero…». Como si todo lo que dijeran después del pero no entrase en contradicción con la afirmación previa; es ahí donde la fragilidad blanca juega la mala pasada de retratar ese racismo que creemos que no está ahí, pero sí.
Al final con este texto lo que me gustaría es que entendamos que el racismo va mucho más allá de lo que pensamos. Que la apropiación cultural —descontextualizando las tradiciones y las prácticas culturales de comunidades a las que no pertenecemos— es una práctica que debería eliminarse, ya que está muy enraizada en el colonialismo. Y que si nos señalan como racista una práctica y no sabíamos que lo era, con admitir que no lo sabíamos y pedir disculpas sinceras podemos reparar el daño causado.