Desenredando

Bardem y las minorías

Javier Bardem recibe el Goya a la mejor interpretación en la 36ª gala de los Premios Goya, en el Palau de les Arts de Valencia, a 12 de febrero de 2022, en Valencia, Comunidad Valenciana, (España).- EUROPA PRESS

La semana pasada se hicieron virales unas declaraciones de Javier Bardem en las que el actor decía «¿Cuántos personajes españoles hay en el cine internacional? Ninguno. Hay personajes latinoamericanos. Yo sé de lo que hablo cuando hablo de minorías». Ahora que han pasado algunos días, me parece un buen momento para explicar por qué creo que, a pesar de que entiendo a qué se refería Bardem, metió la pata bastante no solo al referirse a sí mismo como integrante de una minoría, sino con algunas otras de las afirmaciones que hizo.

Minorías

Pongámonos en contexto. Cuando dijo que sabía que sabía de que hablaba cuando hablaba de minorías, Bardem se refería, como ya he citado anteriormente, al hecho de que en las producciones internacionales hay muy poca presencia de personajes de nacionalidad española. Y lo decía respondiendo a algunos medios de comunicación especializados estadounidenses que pusieron el foco en el hecho de que él, siendo español, estuviese interpretando a Desi Arnaz, un actor cubano, en la película Being the Ricardos.

Entiendo a qué se refería Bardem. Entiendo que el actor pretendía llamar la atención sobre el hecho de que, efectivamente, el cine internacional se ha centrado muy poco (o nada) en personajes españoles, y se ha decantado más por representar a personajes de otras latitudes.

Bardem hablaba de proporciones. Y en ese sentido se entiende su afirmación. Y que hiciera un comentario en ese aspecto es del todo comprensible: es actor, lleva décadas trabajando. Sabe de lo que habla cuando afirma que, proporcionalmente, los personajes españoles han tenido muy poco relevancia en la industria cinematográfica.

El problema aparece cuando Bardem dice que sabe de lo que habla cuando habla de minorías. Y ahí es donde, para mí, mezcla churras con merinas.

Bardem puede saber qué es ser un actor español con pocas oportunidades de presentar a personajes de origen español. Pero no sabe, por su propia experiencia, qué es ser una minoría española, si hablamos en términos de discriminación y privilegio. Al final Bardem es un actor blanco español, heterosexual y con solvencia económica. ¿A qué situaciones de discriminación y opresión se ha podido ver expuesto?

En términos de privilegio, Bardem está en la cúspide de la pirámide, en ese estrecho pedestal compuesto por hombres blancos occidentales, hetero y adinerados que no se van a ver discriminados ni por ser hombres, ni por ser blancos, ni por ser heteros ni adinerados. Entonces, claro, salir a la palestra afirmando que sabe de qué habla cuando habla de minorías cuando prácticamente cualquier persona, ya sea por clase, género, raza o capacidades, está en peores condiciones que él, suena a tomadura de pelo. No digo que lo sea, y me consta que no lo dijo en ese sentido y no tenía mala intención al decirlo —hagamos aquí un paréntesis para hablar de las buenas intenciones, porque a la gente blanca siempre le resulta necesario hacerlo—, pero es algo que sienta mal escuchar si no se pertenece a ese mismo grupo de personas. Y hay muchas personas que sí forman parte de minorías en España —la que suscribe, sin ir más lejos— que viven con frecuencia situaciones de discriminación, e incluso de violencia, a las que escuchar a un hombre blanco decir que sabe qué es ser una minoría les ha sentado como un tiro. Y no es para menos.

Representación y representatividad

Esa introducción me ha servido para poner el foco donde realmente lo quiero poner, y es en las explicaciones que añadió Bardem después, y que han pasado más desapercibidas.

La revista Variety publicó, en referencia al papel de Bardem interpretando a Desi Arnaz: «No es cubano y no debería haber desempeñado ese papel. Su inclusión en la película realza el problema actual de la representación latina en Hollywood».

Para empezar, cabría cuestionar el concepto de latinidad, o representación latina que, en realidad, es un constructo para borrar las experiencias de las personas negras y de las comunidades originarias de Abya Yala. La latinidad no es más que una de tantas expresiones de supremacía blanca, pero no me voy a meter en ese jardín; primero, porque cada vez que una persona blanca dice «supremacía blanca» la gente blanca entra en crisis y la fragilidad blanca sale a relucir; segundo, porque no soy yo la persona indicada para hacerlo, y tercero, porque este artículo sería interminable.

A lo que iba: yo de lo que quería hablar es sobre representación y representatividad, dos temas que quedaron enterrados bajo la polémica de las minorías.

Yo estoy de acuerdo con la declaración de Variety: Bardem no es cubano y no debería haber desempeñado ese papel. Se lo deberían haber dado a un actor cubano por cuestiones de representación y de representatividad. Porque en el momento en el que la historia de un actor cubano la interpreta un actor español, ¿dónde queda la posibilidad de que un actor cubano represente el papel?

No me vale que Bardem haya dicho que en los primeros castings se buscó a actores cubanos y no se encontraron. Es una excusa muy pobre y se les debería caer la cara de vergüenza por utilizarla. Y no hablo de Bardem solo: hablo de todo el equipo de casting. Esgrimir la ausencia de actores racializados es algo habitual, pero en realidad es una falacia. No es que no haya actores cubanos para interpretar el papel: es solo que no han querido buscar más. En Catalunya pasó algo similar cuando David Selvas estrenó Àngels a Amèrica con la Kompanyia Lliure y decidió que el papel de Belize, un antiguo drag queen negro, fuese interpretado por un actor blanco.

Interpretar vidas de personas que no somos

«Somos actores y es lo que hacemos: interpretar vidas de personas que no somos. Y eso va más allá de nacionalidades y de orientaciones sexuales», defendió Bardem. Lo que pasa es que aquí hay un doble rasero por el que una persona blanca puede interpretar cualquier papel, pero una persona racializada solo puede interpretar a personajes encasillados en los estereotipos atribuidos al grupo o la comunidad a la que pertenece.

Una actriz negra llega a un casting a interpretar a una abogada, una comercial, una profesora o una conductora de autobús, y se encuentra con un equipo de casting que le dice «si quisiéramos a una actriz negra, la habríamos pedido». Queda claro que no a todas las personas que se dedican a la interpretación se les ofrece la misma posibilidad de interpretar cualquier papel independientemente de nacionalidades —o, en este caso, razas— y géneros.

Así que ahí reside uno de los problemas de la industria: las personas blancas históricamente han podido —y siguen pudiendo— representar a cualquier tipo de personajes, y las personas racializadas no pueden hacer lo mismo. Por lo tanto, cuando una persona blanca interpreta a una persona de otro origen étnico, lo que está sucediendo es que una actriz o un actor de ese origen étnico está perdiendo una oportunidad profesional, y toda la comunidad de personas de esa etnicidad están perdiendo la oportunidad de verse representadas. Y eso también hay que tenerlo en consideración, porque la representatividad importa.

Aquí el tema está en que no pasaría nada por que Bardem encarnase a un hombre cubano o a un hombre negro, si ese hombre cubano o ese hombre negro tuviesen posibilidades reales de interpretar a cualquier tipo de personajes. Pero eso no suele suceder.

Por ir acabando

En primer lugar, creo que Bardem se equivocó al afirmar que sabe lo que es ser una minoría española. No lo sabe. Y no lo sabe pertenecer a un grupo proporcionalmente reducido no tiene las mismas implicaciones que pertenecer a un grupo históricamente oprimido y discriminado.

En segundo lugar, Bardem interpretando a un hombre cubano deja a un actor cubano sin posibilidades de representar ese papel y, por lo tanto, sin la posibilidad de que la comunidad cubana tenga una imagen y un referente más al que ver en los medios audiovisuales. Así que ya va siendo hora de que las productoras y los equipos de casting dejen de usar la excusa torticera de que «es que no encontramos a nadie». En 2022 eso ya no cuela.