Desenredando

Carta abierta a Miguel Lago

Miguel Lago, durante su etapa como colaborador de 'Todo es mentira'.- Cuatro

Escribo esta carta abierta a Miguel Lago desde la conciencia de que, posiblemente, no la leerá. O, si lo hace, lo hará en diagonal y pensando que solo soy otra plasta más que se le echa encima. Así que, ante la posibilidad de que el aludido no se inmute por la publicación de un artículo más que habla sobre sus desafortunados comentarios en el programa de La Sexta que conduce Nuria Roca, yo publico este artículo igualmente, con la esperanza de que, si no le sirve al señor Lago, le sirva a alguien para replantearse cosas.

«Le digo "¡negro!" y viene»

No añado nada nuevo si digo que los comentarios de Lago son un verdadero despropósito.  Es más: no me voy a quedar en tacharlos de despropósito, porque eso será dulcificar unos comentarios de una violencia racista muy fuerte. Porque eso es lo que son esos comentarios: violencia verbal racista. A mí, como mujer negra adulta con una determinada conciencia y educación antirracista, me ha violentado muchísimo escuchar la perorata de Miguel Lago.

 «Le digo "¡negro!" y viene». Esto es parte de lo que decía Miguel Lago mientras hablaba sobre su hijo adoptivo. Esto es tremendamente problemático. Y, además, reproduce las lógicas colonialistas que legitimaron la esclavización y la violencia sistemática ejercida contra las personas negras. Porque además, de la forma en la que Lago lo explica, se transmite ese poder y esa jerarquización histórica entre personas blancas y personas negras. El hombre blanco, el amo, llama al negro y el negro, en actitud servil tiene que obedecer... o atenerse a las consecuencias. Eso fue así durante los tiempos de la esclavitud y la colonia, y este señor lo está reproduciendo. Así de fuerte es la supremacía blanca.

Las risas cómplices

Lo malo de hacer este comentario entre personas blancas [personas blancas sin conciencia antirracista] es que ahí no hay nadie que pueda decirle a Lago: «Macho, estás meando fuera de tiesto». No, la gente le ríe las ocurrencias. No solo la gente que está con él en el plató; también la audiencia que está en su casa y que, de repente, recibe un mensaje peligrosísimo: que ese tipo de referencias están bien. Cuando en realidad son referencias racistas.

En realidad, y desafortunadamente, eso no es nada nuevo en España. Ya ha habido otras ocasiones en las que otras personas han hecho comentarios racistas públicamente y no ha tenido ningún tipo de repercusión. Recordemos a Paz Padilla sorprendida porque los negros son muy trabajadores, o a Sofía Suescun queriendo adoptar negritos. Y todo esto pasa ante audiencias masivas insensibilizadas con la violencia que estos comentarios conllevan. Porque, como el racismo no atraviesa sus vidas ni casi todo lo que hacen, pueden llegar a creer que, en realidad, no es para tanto.

El lenguaje construye realidades

Una de las ponencias que ofrezco es sobre lenguaje y comunicación. En ella explico lo siguiente: el lenguaje construye realidades. Esto significa, para mí, que lo que no se nombra no existe; y lo que existe, lo hace en función de cómo se nombra. Por lo tanto, el lenguaje se puede convertir en una forma de perpetuar o desmantelar opresiones.

Está claro que una palabra en sí no es dañina. Pero el lenguaje y las palabras no son algo independiente ni inocente, sino que toman un significado en función del contexto en el que se utilizan. Puedes ver este vídeo de Chaimaa Boukharsa para Afrocolectivx y ver a qué me refiero. Ella lo explica muy bien y, si lo miras, me ahorras la explicación y así evitamos que este artículo quede demasiado extenso.

El uso que hace Miguel Lago en todo ese fragmento refuerza, como ya he dicho, unas formas concretas de relacionarse que supusieron (y siguen suponiendo) mucha violencia para las personas negras. Por lo tanto, expresarse en esos términos es perpetuar las dinámicas de jerarquía racial creadas por las que las personas blancas están en la cúspide de una pirámide racial, y eso les permite hablar así de las personas negras y reírse. Porque, además, saben que no habrá ningún tipo de llamada de atención ni de represalia.

 

«¡Cómo voy a ser racista si me traje un negro a casa!»

Es la misma versión repulsiva y sinsentido que usan los señores cuando se les acusa de cualquier otra acción de opresión contra otro colectivo oprimido.

«¡Cómo voy a ser machista si estoy casado con una mujer y tengo hijas!»

«¡Cómo voy a ser homófobo si tengo un amigo gay!»

Como si eso eximiera de algo. En realidad no lo hace. Tener un hijo o una amiga negra no libra a nadie de ser racista. A ti tampoco, Miguel.

De nuevo, la violencia de la afirmación es brutal. Porque, además, es deshumanizante. «Me traje un negro a casa». En esos términos habla de su hijo Miguel Lago. Como si no fuese una persona, como si fuese de su propiedad y, apelando además, a su comportamiento de salvador blanco. Todavía habrá que darle las gracias a Miguel Lago por haber adoptado a un niño negro.

 

Miguel Lago, por favor, edúcate

Yo no sé qué tipo de exámenes y pruebas hacen a las familias adoptantes. Lo que sí sé es que no se les ofrece educación antirracista. Otro problema más, por si la adopción internacional transracial no fuese problemática de por sí.

Miguel Lago está criando a un niño negro al que le dice «¡negro, ven!». Y lo explica en la televisión. Y eso es contraproducente:

    • Para el hijo de Miguel Lago, porque interioriza que ese trato es aceptable. Porque viene de parte de su padre, que se supone que le quiere. Y eso posibilita que ese niño pueda aceptar ese mismo trato por parte de otras personas blancas que pueden tratarle igual.
    • Para el resto de personas blancas sin conciencia antirracista, porque ven este tipo de mensajes, que además no reciben reprobación, y piensan: «¿ves? No es para tanto». Y esto puede hacer que crean que pueden tratar de la misma forma a cualquier persona negra con la que se relacionen.
    • Para las personas que conformamos los movimientos antirracistas porque, por lo menos a mí, me da la sensación de que no avanzamos. Que siempre estamos en primero de párvulos en antirracismo y no podemos elevar la conversación, y tenemos que seguir repitiendo hasta la extenuación que se puede ser no racista y tener comportamientos que sí lo son.

Miguel Lago, por favor, edúcate en antirracismo. Porque tú, siendo padre de un niño negro, necesitas las herramientas para armar a tu hijo y que pueda enfrentar el racismo que vivirá fuera de casa [y, visto lo visto, dentro también].

Tu hijo, Miguel Lago, se convertirá en un hombre negro que será constantemente vigilado, criminalizado y seguirá siendo deshumanizado, igual que lo haces tú. Y cuando vuelva a casa, no podrá compartir contigo los sentimientos y las emociones que le generan toda la violencia racista que ha vivido a lo largo del día.  Porque, ¿qué le dirás, Miguel? ¿Que no es para tanto? ¿Que se tiene que curtir? ¿O la cagarás todavía más diciéndole que no sea un llorica?

Miguel, no es por meterte el miedo en el cuerpo ⎯o tal vez sí, si así reconsideras algo⎯, pero hay informes de la Asociación Americana de Pediatría que sostienen que las personas adolescentes adoptadas tienen hasta cuatro veces más probabilidades de hacer intentos autolíticos que quienes viven con sus familias biológicas. Así que estaría bien que te formes, Miguel, y que aprendas. Para que tu familia sea un entorno seguro para tu hijo negro adoptado al que llamas negro como si fuera de tu propiedad y no le ves ningún problema.

Recuerda, Miguel: la plantación ya terminó.