Artículo del director

El caso Bárcenas deja al PP contra la pared

mano.jpgAlgunos políticos pisabrotes, que no pisaverdes, muy en sus zapatos aplastan con decisión las sospechas aunque luego se les escurran por debajo de los pies. Forman esa vanguardia de seguidores de ciertos propagandistas de culto, escritores de tirada larga y ética invisible, que defienden que este no es tiempo de principios sino campo abonado para el interés compuesto. El futuro, vienen a decir, es para gente decidida, que aprovecha el momento y logra beneficios. El cómo apenas importa.

La primera tesis general, que actúa como envolvente de un escenario en el que sólo vale el triunfo, es que con el dinero privado todo el mundo puede hacer lo que quiera. Falso. Existen límites legales y la barrera de que nadie se puede lucrar vulnerando los derechos de otro. Además, está sobre la mesa el ejemplo de cómo la falta de controles permitió crear una estafa financiera que se ha convertido en una crisis económica que sufrimos todos. Principalmente en Estados Unidos, la burbuja financiera causó la quiebra de bancos, que han tenido que ser rescatados con dinero público.

En nuestro país, la teoría de moda es la de que las elecciones lo lavan todo, como si fueran jabón. Olvidan sus defensores que las responsabilidades políticas son personales y el escudo del partido no es de uso recurrente. Pero, ¿cómo va a ser cierto si el sistema electoral español es de lista única bajo unas determinadas siglas? La hipótesis del perdón automático llevaría a hacer responsable a toda una organización de cualquier error de uno de sus militantes. Conduciría a la destrucción y renovación permanente de las estructuras políticas por la conducta de un solo individuo.

Todo esto viene a cuento de la colusión frecuente entre corrupción y política. Por desgracia en España abundan los casos, pero el de actualidad más viva es la trama Gürtel, que lleva cuatro meses en boca de todos. A la hora de las incriminaciones, los representantes elegidos gozan de más protección jurídica; por eso los parlamentarios están aforados. Se trata de un seguro del sistema democrático para salvaguardar la soberanía popular de cualquier ataque interesado. A cambio, los políticos no deben sólo parecer honrados, tienen la obligación de serlo. La razón es que administran el dinero de todos, el que los ciudadanos pagan con sus impuestos.

Cuando se inició la investigación por parte del juez Garzón, la primera reacción de los líderes del PP fue explicar que los contratos con el empresario Francisco Correa y sus socios se habían interrumpido en cuanto Mariano Rajoy pisó la sede del PP en la madrileña calle Génova como presidente del partido. Como esa declaración asumía un problema del pasado y chocaba con los contratos que esa red mantenía en comunidades autónomas y ayuntamientos gobernados por el PP, a los dos días se decidió una nueva estrategia. La ejecutiva nacional en pleno salió a acusar de persecución y campaña inventada la actuación del juez instructor.

Quince iniciativas judiciales del PP contra el magistrado fueron rechazadas. La propia Fiscalía instó al juez a inhibirse en favor de los tribunales superiores de Madrid y Valencia porque resultaron implicados diputados regionales, entre ellos, el presidente valenciano, Francisco Camps. Algunos alcaldes y concejales se vieron forzados a dimitir, no así los parlamentarios. Hace unos días, a instancias de la Fiscalía Anticorrupción, el juez instructor del Superior de Madrid elevó el caso al Tribunal Supremo, por la inculpación del eurodiputado Gerardo Galeote, el diputado Jesús Merino y el senador Luis Bárcenas, tesorero del PP.

La estrategia del "todo es falso" ha tenido un recorrido de pasos hacia atrás que pone al partido de espaldas contra la pared. ¿Qué hacen sus líderes respaldando a un tesorero que se paseaba con 330.000 euros en billetes de 500 por si en el camino le salía un cuadro de ocasión? A Bárcenas se le acusa de hacerse con más de un millón de euros en recompensas de la trama y de evasión fiscal en un paraíso aislado y con palmeras. Alguien debe explicar por qué no se defiende solo. La doble tesis de una campaña política, primero para impedir ganar al PP Galicia o las europeas, y luego como venganza, no basta. Queremos saber dónde está el dinero de todos destinado a contratos para amigos y prebendas.