Artículo del director

Sordera política y batalla anticrisis

medina.jpgEl debate sobre la crisis, que es el estado actual de la nación, fue una representación vibrante de los líderes políticos, espalda contra espalda, incapaces de concertar cualquier cooperación para afrontar los males profundos que padece nuestra economía. En el plano político, si verdad fuera que el presidente y el PSOE están solos, como afirma Mariano Rajoy, entonces al líder del PP le queda el recurso de la moción de censura, el único instrumento legal posible para lograr el poder antes de que se lo den las urnas.

En ese caso, el jefe de la oposición tiene que concertar una mayoría parlamentaria que hoy no tiene y un programa con medidas asumibles por sus futuribles socios, la derecha nacionalista catalana y vasca, además de otros apoyos. En ese marco, ya no valdrán los silencios para programar soluciones: por ejemplo, si es imprescindible cambiar el marco laboral –léase, abaratar el despido– para afrontar el futuro. El martes, Rajoy se negó por tres veces a responder al emplazamiento que le hizo Zapatero en el Congreso, aunque la callada del líder del PP sonó a respuesta concluyente.

El presidente Zapatero se presentó al debate con un discurso cargado de propuestas y con la actitud de quien, en lugar de haber renovado a fondo un Gobierno semiparalizado por la crisis, llegaba a la Cámara con un Gabinete de nueva planta con el que hacer frente a una grave situación surgida de improviso. Lógicamente, los líderes de la oposición tienen el derecho y el deber a la más dura de las críticas, pero no es alentador que, aferrados al discurso que traían de casa, dieran apariencia de sordos o irresponsables. Sobre todo, si la calle escucha. Y la respuesta tardó menos de un día en llegar de boca de la CEOE, de los sindicatos y de diversos sectores beneficiados por las medidas. Resulta incomprensible que si los ciudadanos sufrimos la crisis, algunos líderes se escabullan incluso del grupo de presuntos implicados. Los políticos tienen el derecho de hacer pilates o cualquier otro tipo de gimnasia, pero en una democracia no les está permitido comportarse como Pilatos.

En el debate, Zapatero planteó un cambio de modelo, que apuesta por la educación, la investigación, la sanidad, la potenciación de la ventaja española en energías renovables..., como vías para poner fin a la excesiva dependencia española de la economía del ladrillo, de la estacionalidad y los avatares del turismo o de la dependencia del automóvil, sector muy potente, pero reducido a ser plantas de montaje de marcas extranjeras. Ese empeño de economía sostenible, si prospera, es un camino para más de una década.
Para el corto plazo, el presidente desgranó una serie de medidas de apoyo, algunas importadas de propuestas del PP, como son las ayudas directas a la compra de automóviles o la reducción del impuesto de sociedades a las pequeñas y medianas empresas que mantengan el empleo. Por eso sorprende que ni estas hayan sido asumidas aún por Rajoy.

Habrá que esperar al Pleno del Congreso del próximo martes para ver qué acuerdos logran la mayoría, pero la polémica política se centra en la fiscalidad de la vivienda. Zapatero propone mantener las actuales deducciones hasta 2011, para luego limitar las desgravaciones a rentas de hasta 24.000 euros anuales. Ese tope de ingresos puede ser negociado al alza, pero la medida tiene una clara intención de reactivar la compra de pisos en una coyuntura de mercado inmobiliario paralizado.

Para Rajoy, mantener el beneficio fiscal sólo para rentas relativamente bajas representa "aniquilar las clases medias", lo cual puede dar a entender que el PSOE se cargó la clase alta cuando impuso un tope de deducción a la compra de vivienda. Fue el Gobierno del Partido Popular quien creó una desgravación del 15% sin límite, fuera cual fuera el precio del inmueble a comprar. Todo el mundo sabe que la política fiscal en vivienda tiene en el resto del mundo una finalidad social y que nuestro país necesita ahora incentivar el alquiler. Los expertos coinciden en que en España esa política abierta fomentó la especulación y que los beneficios en el IRPF se incorporaron como margen añadido al precio de los pisos. Sólo así se explica que el precio del metro cuadrado construido en España sea el más alto de Europa.