Opinion · Dominio público

Siria: doble punto de inflexión

Pablo Sapag Muñoz de la Peña
Profesor-investigador de la Universidad Complutense de Madrid y del Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile

Siria ha votado masivamente. Primero el 28 de mayo en 39 de sus embajadas en el exterior, incluida la de Madrid. Al facilitar la votación de los sirios residentes el Gobierno español ha dado un giro a su hasta ahora política siria, desmarcándose de la prohibición impuesta por democracias consideradas avanzadas como las de Estados Unidos, Francia, Bélgica o Alemania y las dictaduras absolutistas del Golfo Pérsico o el régimen islamista turco. El giro español coincide con el aumento de las detenciones de yihadistas españoles que han comenzado a volver en masa desde Siria y que como se ha visto en Bélgica ya actúan decididamente en el territorio de países que cuando no los jaleaban directamente hacían la vista gorda mientras mataban en Siria.

De la jornada de votación de los sirios del exterior destacó el caso del Líbano, donde acudieron a votar casi cien mil personas, la mayoría desplazados por la violencia que desde hace tres años y cuatro meses sacude Siria. Tal fue la afluencia que la votación hubo de prolongarse dos días y aún así muchos no pudieron votar ese día. Lo han hecho en la segunda jornada de votación, el 3 de junio en la propia Siria. Miles de sirios actualmente en Líbano acudieron a los centros de votación abiertos en las fronteras. Se han sumado así a la votación de los sirios del interior, tan masiva que obligó a prolongar cinco horas la apertura de los colegios. Unos comicios que salvo en la ciudad de Raqqa, la única en manos de una de las marcas de Al Qaeda que operan en Siria, se han celebrado en todo el país. Ello pese a las amenazas de la yihad global de impedirlo con el lanzamiento de misiles proporcionados por sus patrocinadores internacionales. Pese a intentarlo, la votación se registró con normalidad, sumando así los yihadistas un nuevo revés militar, plano en el que desde mediados del año 2013 solo retroceden. Prueba de ello es la secuencia de victorias del Ejército Árabe Sirio en Qusair, Yabrud, Maalula, Rankus, Qalat al Hosn, la Prisión Central de Alepo o la Ciudad Vieja de Homs, entre otras.

Todos esos hitos en el frente militar han sido minimizados o censurados totalmente por parte de la prensa internacional. Lo mismo ha ocurrido con unas elecciones relativamente ignoradas o ridiculizadas por los medios de comunicación occidentales e islamistas. Eso a pesar de las muchas facilidades que en esta ocasión el Gobierno ha dado a la prensa internacional, incluidos los representantes de algunos medios, entre ellos españoles, muy hostiles a Damasco y favorecedores desde el comienzo de la crisis de posiciones con poco respaldo político interno o directamente totalitarias y, en muchos casos, solo proyectadas desde la praxis terrorista.

La distorsión constante de la realidad militar y política siria ha impedido a esos medios y a muchos analistas entender la evolución de la crisis. Sobre ella el Gobierno siempre admitió que la solución solo vendría, precisamente, de una combinación entre lo militar y lo político, siendo lo primero necesario para implementar lo más importante, es decir, lo segundo. Las elecciones se han celebrado frente a observadores internacionales de Brasil, Rusia, Venezuela, Bolivia, Iraq, Líbano o Irán y de acuerdo a la Constitución aprobada en referéndum en 2012. La misma establecía que el partido panarabista y socialista Baaz dejaba de ser hegemónico –nunca fue partido único-; eliminaba las prerrogativas del Frente Nacional Progresista en el que se integraban el Baaz y otras formaciones para proponer un candidato a la Presidencia que se elegía por referéndum y, en consecuencia, se estableció la elección directa del presidente entre varios candidatos. Tres de ellos han competido en esta ocasión. Junto al baazista Bachar el Asad, un candidato proveniente del Partido Comunista y un segundo de otro partido de la oposición interna formado en Estados Unidos. Como Asad, ambos han subrayado la necesidad de seguir adelante con la doble estrategia política y militar para salir de la crisis. Sin embargo, han mostrado claras diferencias en temas muy sensibles de la política siria. Mientras el comunista Maher Hayar ha justificado las generosas concesiones contrarias a la multicofesionalidad de la sociedad que desde 1973 se han hecho a los islamistas, aprobando implícitamente la exclusión de los cristianos del ticket electoral, el tecnócrata Hasan Abd al Nuri ha criticado duramente la gestión económica y administrativa del Gobierno antes de 2011, situando este punto como uno de los elementos que contribuyeron a la crisis, algo en lo que coinciden muchos análisis.

Estas elecciones no habrían sido posibles sin la inclusión en el Gobierno y desde 2012 de connotados opositores en carteras tan importantes como Economía o Reconciliación Nacional. En esta última destaca Alí Haidar, político nacionalista pansirio cuyo hijo fue asesinado al comienzo de la crisis y que ha impulsado en toda Siria, muy particularmente en Homs, decenas de acuerdos de reconciliación con amnistía incluida para sirios que se levantaron en armas contra el Gobierno pero respetan el Estado y su integridad y soberanía. El nombre de Haidar es ignorado en occidente, tanto como el de otros muchos sirios que desde la multiconfesionalidad y el antiimperialismo –señas de identidad básicas de Siria- han enfrentado desde el primer día y con un altísimo costo una crisis alimentada desde el exterior y que hoy se encuentra en un punto de inflexión posiblemente definitivo por la evidente convergencia de lo militar y lo político.