Opinion · Dominio público

Lo que el presidente Barroso se calló

Vicenç Navarro

Por Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

Por Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

En la última reunión de la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE), el Presidente de la Comisión Europea, el Sr. José Manuel Durão Barroso, después de haber ofrecido el discurso oficial, y durante el periodo de preguntas y respuestas, dio su versión del porqué España está en la situación en la que se encuentra. Según el Presidente Barroso, España sufre la mayor crisis financiera y económica que ha tenido durante su época democrática, con un desempleo enorme (el más elevado de la Unión Europea junto con Grecia), debido a la incompetencia del Banco de España e, indirectamente, del gobierno Zapatero, que no supieron prever la burbuja inmobiliaria, suspendiendo en su responsabilidad como reguladores de las instituciones financieras españolas. Según el Sr. Barroso, y en contra de lo que el Presidente Zapatero había indicado en múltiples ocasiones de que “el Banco de España era el mejor del mundo (…) y que el sistema financiero español era el que estaba en mejores condiciones” (una percepción, por cierto, ampliamente sostenida por el establishment español, es decir, la estructura de poder financiero, económico, y mediático del país), tanto el Banco de España, BE, como el gobierno Zapatero habían fracasado tanto en la percepción del estado del sector financiero español como en su comportamiento como agentes reguladores del sector.

Es refrescante ver a una autoridad como el Sr. Barroso hacer una declaración de este tipo, señalando directamente y sin tapujos que el Sr. Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO) no había hecho bien su trabajo y que él, nombrado por el gobierno Zapatero, y el Banco de España eran los responsables del inicio de la crisis financiera que nos llevó a una crisis económica de primera magnitud.

Como era de esperar, el establishment financiero y político español se ha levantado en armas (simbólicamente hablando) para defender a MAFO y al BE frente a estas acusaciones. Dicha respuesta ha sido liderada por el mayor banquero del país, el Sr. Emilio Botín, que dirige el mayor banco del país y uno de los más grandes de Europa. Todos, unánimemente todos, han criticado al Sr. Barroso y defendido a MAFO y al BE, indicando que el comportamiento de ambos fue ejemplar. Ni que decir tiene que admiten que puede que se hicieran algunos errores de menor importancia, pero por lo demás, el BE actuó como tenía que haber actuado, como el competente regulador de las instituciones financieras del país. Es un indicador de la simbiosis y complicidad de las instituciones reguladas y de la agencia que las regula que, incluso hoy, el sector financiero no admita ninguna responsabilidad, defendiendo al BE, que en realidad ha demostrado ser un lobby de la banca.

La predecible “incompetencia” del Banco de España

Ahora bien, era obvio que, como unos pocos señalamos (ver las páginas económicas de los blogs de Juan Torres, www.juantorreslopez.com, y Vicenç Navarro, www.vnavarro.org, así como el libro de Vicenç Navarro y Juan Torres, Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero, Editorial Espasa), el gobernador del BE y el equipo dirigente de esa agencia reguladora (nombrados políticamente) estaban haciendo una labor pésima. En realidad, y en contra de lo que constantemente acentúa la sabiduría convencional (de que es difícil prever las burbujas), la aparición de la burbuja inmobiliaria era fácil de prever (y hubiera sido fácil desinflar). Los propios técnicos del Banco de España habían alertado ya en varias ocasiones del peligro de que se generara tal burbuja, criticando la excesiva complacencia y pasividad del BE, dirigido por sus gobernadores Jaime Caruana, nombrado por el Presidente Aznar, y MAFO, nombrado por el Presidente Zapatero.

Repito que no era difícil ver que algo no funcionaba bien. Es decir, que se estaba generando una burbuja enorme. A los estudiantes de Políticas Públicas se les enseña, ya en el primer año, que si los precios de la vivienda crecen mucho más que los salarios, el sector financiero tiene un problema grave. Aparece lo que se llama una burbuja. Y esto era lo que estaba pasando en España. En realidad, las rentas del trabajo como porcentaje del PIB (que en España son el mayor motor de la economía, pues son el centro de la demanda) iban bajando, no subiendo, lo cual determinaba su necesidad de endeudarse. De ahí el enorme crecimiento del sector financiero y su gran rentabilidad (que atrajo a la banca europea, sobre todo alemana y francesa). Fue este crecimiento, la burbuja, la que, al explotar, creó la gran recesión. Y era sumamente fácil ver que ello iba a ocurrir. Solo el establishment financiero, económico, político y mediático español, adicto al dogma neoliberal, no vio (o no quiso ver) lo que se le venía encima.

Que el gobierno Aznar no viera que se estaban creando las bases de este problema era predecible. Su ideología neoliberal era la esencia de su ser. Lo que es más preocupante es que fuera un gobierno, en teoría socialista, el que también compartiera dicho dogma. Es más que sorprendente que todos los economistas de la administración Zapatero fueran del pensamiento neoliberal (como resultado de sus orígenes, enraizados en el sector financiero). MAFO fue muy representativo de este tipo de economistas. Su fe neoliberal explica no solo su pasividad frente a las alarmas que le hacían llegar sus técnicos, sino su énfasis en desregular el mercado de trabajo (un tema que, por cierto, no le correspondía por su responsabilidad institucional). La reforma laboral que MAFO deseaba, encaminada a reducir los salarios (aunque nunca esa reforma se presentó como tal), y que el gobierno realizó, empeoró todavía más la situación, como los hechos han demostrado.

Valga añadir que cuando yo alerté en El País (en la época en la que todavía no se me vetaba en tal rotativo) de que el descenso de las rentas del trabajo estaba creando un problema económico grave, todos los que eran o habían sido personajes del equipo de Zapatero me contestaron negando que ello fuera cierto. Lamento, por España, que los hechos hayan mostrado que era yo el que llevaba razón. Las facilidades en el crédito contribuyeron a que las familias se endeudaran. Pero detrás de ese endeudamiento estaba su necesidad de hacerlo como consecuencia del descenso de sus rentas.

Lo que Barroso se calló

Mientras que Barroso llevaba razón en su crítica al BE por lo ocurrido en España, no la tenía cuando eximió a la Comisión Europea, al Banco Central Europeo y al gobierno Merkel de cualquier responsabilidad por lo ocurrido en España. En realidad, estos comparten en gran medida las responsabilidades por la crisis. La evidencia de que ello es así es hoy robusta y abrumadora. La Comisión Europea fue la que, con sus políticas neoliberales impuestas a España, empeoró la distribución de las rentas, favoreciendo a las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo, creando, como ya he indicado, el problema de demanda que estuvo detrás de la bajada del crecimiento económico y, más tarde, de la recesión. El Banco Central Europeo, el mayor lobby que tiene la banca europea, dominada por la alemana, dejó a los Estados sin ninguna protección frente a la especulación de los mercados financieros (es decir, la banca), y el gobierno alemán fue el que protegió a la banca alemana, que acumuló enormes beneficios debido a su participación en el expolio de España, a base de su colaboración en las actividades especulativas. Es más, hoy dicho gobierno continúa siendo el mayor promotor de las políticas de austeridad, llevando a los países periféricos de la eurozona al austericidio. Todo esto, el Sr. Barroso no lo citó.