Opinion · Dominio público

¿Un plan para estrangular el medio ambiente en Europa?

Samuel Martín-Sosa

Responsable de internacional de Ecologistas en Acción

Samuel Martín-Sosa
Responsable de internacional de Ecologistas en Acción

Hasta hace poco la UE podía presumir de potencia ambiental. Sin entrar a valorar su comportamiento ambiental como actor en la economía global -lo que bastaría para derrumbar este argumento-, ciertamente de puertas adentro Europa se había dotado de unas normas ambientales bastante avanzadas en algunos campos. Ahí están la red Natura 2000 (la mayor red de espacios protegidos del mundo) o el Reglamento REACH de autorización de sustancias químicas, por poner un par de ejemplos. Sin embargo esta “burbuja ambiental” lleva unos años dejando de serlo y la tendencia se acentuará con la nueva Comisión de Juncker.

La nueva estructura propuesta por el luxemburgués, no parece fruto de la improvisación, sino de un plan para estrangular las políticas ambientales y climáticas. Al fusionar Medio Ambiente y Asuntos Pesqueros y Marítimos y otorgarle la cartera a un Estado tan pequeño como Malta, Juncker hace toda una declaración de intenciones. Y lo mismo ocurre al fusionar Acción Climática con Energía y otorgarle la cartera a un perfil claramente antiambiental como el de Miguel Arias Cañete. En nuestro país ya sabemos lo que pasa cuando se mezclan los temas ambientales con otros departamentos de peso como agricultura o pesca. Los primeros quedan subyugados y pasan a segunda división.

Pero el mayor peligro de la nueva estructura deriva de la concentración de poder que atesorarán las siete vicepresidencias propuestas. No hay ni una sola referencia al medio ambiente en las responsabilidades que el futuro presidente de la Comisión otorga a los Vicepresidentes.

Las instrucciones de Juncker son claras: no se aceptará ninguna nueva iniciativa de ningún comisario, si no cuenta con el aval de uno de los siete. Y cada comisario tendrá un vicepresidente concreto encargado de vigilarle. Esto supone un bloqueo estructural de facto a cualquier nueva propuesta.

Según las instrucciones de Juncker, cualquier iniciativa que provenga de Medio Ambiente deberá tener el visto bueno del vicepresidente de Empleo, Crecimiento y Competitividad. Así que el maltés Vella, un exdirector de casas de apuestas con mala reputación, tendrá poco margen para la iniciativa legislativa, si todo lo que proponga va a tener que estar a prueba de competitividad. Y no solo adivinarlo, pues Juncker ya ha dado instrucciones. De momento le quita competencias a la cartera de medio ambiente. Las relaciones con la ECHA (la agencia europea de  sustancias químicas) pasará a llevarlas el Comisario de Industria. Vella también se queda sin las competencias en biocidas y residuos alimenticios.

Pero lo que da miedo de verdad son las instrucciones a Vella para que revise tanto la normativa que ya estaba en la tubería legislativa- como el Paquete de Aire Limpio[1] o el de la Economía Circular[2]- como otras normativas bien consolidadas, como las directivas de Aves y Hábitats, proponiendo incluso la opción de refundirlas en una sola pieza. Estas dos normas son la piedra angular de la protección de la naturaleza en Europa y hay poderosos intereses pujando por abrir el melón de la revisión legislativa desde hace  años en Bruselas, alentados por gobiernos como el del Reino Unido, que ven en la privatización de la naturaleza la oportunidad de nuevos negocios. Este anuncio ha sido la gota que ha colmado el vaso y ha puesto en pie de guerra a los ecologistas europeos, que ya han enviado una carta a Juncker para pedirle que recule en sus intenciones. Los planes de Juncker son revisar esta legislación para asegurar su coherencia con los objetivos europeos de «empleo y crecimiento».

En relación al clima la situación es bastante diáfana. Este departamento queda bajo la supervisión directa de la Vicepresidencia de “Unión para la Energía”. El nombre no es “Unión para la Energía y el Clima”. Y no es un detalle menor. La lectura inmediata es que cualquier acción climática por parte de la Unión europea estará subordinada a las consideraciones del mercado de la energía. Es decir, lo primero es conseguir fuentes de energía para asegurar la competitividad europea. Bienvenidos los combustibles fósiles. Después ya veremos qué pasa con los compromisos climáticos. La lectura a medio plazo es que la Unión Europea ha tirado la toalla climática, si es que alguna vez tuvo una, y esto es un malísimo augurio para un acuerdo fuerte en la cumbre de París de 2015. La Conferencia de Cambio Climático en la capital francesa se espera como el punto de inflexión en el que se optará por cambiar la situación o abocarnos a un camino de no retorno en el futuro del planeta.

Así, el anuncio de Juncker es coherente con los movimientos de la UE este último año en materia energética y de emisiones. A saber: 1) el paquete de Energía y Clima 2030 establece un objetivo de emisiones insuficiente y renuncia a establecer objetivos de renovables por países, 2) se retrasan los criterios de sostenibilidad de biocombustibles hasta 2020 3) se entierra la directiva de Calidad de Combustibles para permitir la entrada de arenas bituminosas de Canadá 4) se entierra la directiva que iba a regular el fracking 5) se persigue la importación masiva de gas Natural Licuado (GNL) procedente de las reservas de esquisto americanas.

Todo ello ligado a la negociación de los acuerdos comerciales y de inversión con EEUU y Canadá (el TTIP y el CETA respectivamente, por sus siglas en inglés), que pretende homologar a la baja la normativa de ambos lados del atlántico, para reducir costes y trámites a las empresas. Por eso es fácil pensar que la nueva Comisión de Juncker es parte de una estrategia más amplia y de mayor recorrido para facilitar que se sigue un guión que ya estaba en marcha.

Barroso ya inició hace unos años un proceso de desregulación ambiental, que supuso por ejemplo la merma de la protección frente a la contaminación atmosférica o que proyectos necesarios como la directiva del suelo o la de acceso a la justicia ambiental se aparcaran. Recientemente un medio publicaba declaraciones de funcionarios de la Comisión que, desde el anonimato, responsabilizaban directamente a Barroso y su equipo de haber ordenado congelar, bajo invitación de la industria, legislación clave que tenía que salir este año, como la normativa para regular las sustancias químicas con capacidad de alterar el sistema hormonal (de gran impacto sobre la protección de la salud y el medio ambiente), o el sistema europeo para vigilar la importación de madera ilegal.

La designación del holandés Timmermans como mano derecha de Juncker, confirma esta tendencia. Su papel será el de actuar como una especie de “supervicepresidente” con la autoridad de supervisar las iniciativas de todos los comisarios y con, entre otras, la atribución -eufemísticamente denominada “better regulation”, mejor legislación- de aligerar la carga normativa cuando se estime conveniente.

Las comisiones del Parlamento europeo deben examinar en las próximas semanas a los candidatos a Comisarios para elaborar su informe. En los medios de comunicación europeos se debate sobre si se debe o no refutar a Miguel Arias Cañete para la cartera de Acción Climática y Energía por sus lazos con la industria fósil. Pero el debate debería ser otro. Es toda la política ambiental la que está en juego, y el Parlamento en pleno debería muy seriamente plantearse rechazar por completo esta Comisión.

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[1]    Este paquete legislativo tiene que introducir valores límite de emisión para las Instalaciones Medianas de Combustión, o los nuevos horizontes de techas nacionales de emisión para el  nuevo periodo, por ejemplo.

[2]    Esta inicitiva es parte de la política por una eficiencia de los recursos, y la filosofía que subyace bajo este concepto es la de pasar de un funcionamiento lineal de producir-usar-tirar a uno circular donde los residuos de un proceso productivo sean recursos para el siguiente.